A 37 años del 14-D
Hace 37 años, un día después del miércoles 14 de diciembre, España se despertó tras haber vivido la primera Huelga General en todos los sectores del tejido productivo en España con las excepciones establecidas por imperativo legal. Almería se paralizó en toda la actividad laboral durante este señalado día 14 de diciembre de 1988 ante el desencanto que los planes del gobierno estaban produciendo con especial referencia en los más jóvenes, llevándonos a una situación insostenible, el presente y el futuro se había eclipsado.
La conducta de los sindicatos de clase de Nicolás Redondo y Antonio Gutiérrez, UGT y CCOO, de echarse a la calle para oponerse a las políticas públicas del gobierno del PSOE de Felipe de González, que estaban llevando en el país a un aumento del paro de millones de personas, desaparición del sector industrial, la agricultura y la ganadería en sus horas bajas, la pesca cada día reduciéndose más las jornadas en la mar, la falta de infraestructuras y equipamientos, un país que comenzaba a entrar en una espiral de carestía. Y eso que habíamos entrado en la Comunidad Económica Europea.
Ese día fui a trabajar, pero llegaron comités de huelgas, piquetes con algo de irascibilidad, haciendo que la empresa cerrara las puertas, aunque ello no impidió que estuviésemos trabajando en el interior del establecimiento. Había temor o miedo a unirnos voluntariamente a esta situación de huelga por sí, posteriormente, hubiera represarías laborales. No se sí las hubo, pero no tengo datos sobre esta última circunstancia. Creo con certeza que no, ya que los motivos de esta convocatoria de huelga general estaba más que justificada antes las condiciones de precariedad de la vida y el trabajo en la que nos encontrábamos.
Desde la zona de Nueva Andalucía marché al centro de la ciudad, al barrio de las Huertas en mi vehículo Seat Panda. Hacía un día más cercano a la pascua florida que al gélido invierno que se avecinaba, en cuyo día, tan importante para mi vida, me quedé disponible para poder realizar todo aquello que el día me permitiese, desde recoger la casa y acercarme al Sanatorio de la Virgen del Mar en donde estaba a la espera del nacimiento de mi primera hija. Me gustaba el día, un día dedicado litúrgicamente a san Juan de la Cruz, a cuya mística poética se acercan mis sentires interiores del alma como una llama de luz en la noche oscura. Y, por otro lado, nunca se olvidaría este día por el hecho de la huelga general, la primera con estas características, según los amanuenses, desde la II República.
Pero para mí, lo sorprendente de ese día, fue presenciar en el Paseo de Almería, llegada la tarde, una manifestación que caminaba como una marea paseo arriba desde la plaza Emilio Pérez – Circular- con elevadas consignas y proclamas contra la despótica política nefasta del gobierno socialista, enarbolando cientos o millares de banderas color rojo con las palabras de UGT y CCOO, y algunas entre ellas con los colores del republicanismo de 1931, rojo, amarillo y morado, sin escudo. También recuerdo de forma etérea haber visto alguna bandera rojinegra propia del anarquismo.
En la acera del paseo apenas había transeúntes, los comercios y cafeterías cerrados a cal y canto, pero yo quise verla desde la esquina de la tienda fotográfica Ruiz Marín y me quedé con la impresión del elevado número de personas que iban en la misma. Pensé esas palabra de Manuel Azaña “España ha dejado de ser católica”. Gracias a Dios no fue así.
Tristemente, tuvo que ser un 12 de julio de 1997 cuando volvimos a presenciar un encuentro multitudinario por salvar la vida de un secuestrado con la asistencia una manifestación de miles y miles de personas por el asesinato del ETA del concejal Miguel Ángel Blanco, un símbolo de la victoria de la democracia frente quienes querían y quieren subvertir el orden constitucional, ahora con la aquiescencia del propio gobierno.
Dejando estacionado el “espíritu navideño” impregnado de ocio cultural ruidoso y hueco, solo falta echar una ojeada a la situación política actual para darnos cuenta que las calles deberían de estar abarrotadas de protestas ante las negras tormentas que se nos vienen encima y están agitando los aires para arrastrarnos a un involucionismo bolcheviquizado.
Rafael Leopoldo Aguilera Martínez – Oña
