Absorción de la contracultura
La metodología de un movimiento, así, en sentido genérico, es siempre la misma. Resulta que algo se cuece en un sótano y bulle y se gasifica, y llega hasta vigas de madera en descomposición, carcomidas por la indiferencia de un techo negro, filtrándose en última instancia hacia un sector más gratificante, público incluso, en donde adquiere algo de forma y relevancia para impregnarse de un nimbo místico. ¿Después qué? No sé qué viene ¿La institucionalización de qué, dices? De lo contracultural.
Parece que el reconocimiento suscita el recelo, y la codicia —económica o no— acaba por integrar dentro de la legalidad todo eso consagrado como contracultural. Los valores, las tendencias que chocaban con la norma típica se convierten en propaganda del poder y los que suscriben esas magníficas rarezas acaban comiendo mierda arrodillados ante una sucursal catalana que jamás los respetó. —Ahí lo tienes, ¡bohemio!— Parecen proclamar estos falsos comprometidos. Es un mensaje para todos los auténticos que, sin adscribirse a ninguna ideología predefinida, se indignan ante la dramática subnormalidad del congénere y resisten. ¡No me intimidas, alternativo oportunista! Nosotros, con nuestras patologías, llevamos aquí desde mucho antes de que a ti te diera por hacerte el dejado. Un segundo me bastaría para descalabrarte con delirio y dejarte tullido con mis preñeces mentales. Aflorará toda tu suavidad cuando me mee en tus mitos y lisonjee a tus elevados espurios. Después vendrán cuestiones de familia y me cagaré en toda tu p*ta madre. Así hasta que se disipe el conglomerado de nubes que encapota mi razón.
Y es que merece la pena darse un paseo por la red y ver el tipo de personajes que los nuevos medios de “comunicación” modernitos están encumbrando —únicamente— por estética. Revistas, magazines, etc. ¡Ni siquiera la actitud, el desenfreno o el talento juegan algún papel en esa elección! Sí el ser hijo de, el llevar como insignia tatuajes absurdos —cuantos más mejor, y si no tienen ningún significado, doblemente mejor—, el hacerse descarada y fraudulentamente el duro. Por favor, a todos los encargados de perpetrar tales aberraciones: no nos toméis por tontos. Si pretendéis elevar a categoria de RIMBAUD a niñat@s premenstruales no olvidéis que la respuesta de los verdaderos talentosos puede ser tan contundente como un cochino en un congelador. Porque no tienen nada que perder. Y me refiero a barbies sietemesinas como Luna Miguel. No quería hacer publicidad, pero qué coño.
No diré más.
-Gonzalo Martín Vite-
