Adrián, único habitante censado en El Almendral: “Ayer subí una montaña por aburrimiento”
Vive con su mujer en una pedanía de Gérgal, en la que tienen un alojamiento rural que han tenido que cerrar por el coronavirus.
Solo tienen contacto con personas del exterior cuando se desplazan a la localidad vecina para comprar provisiones.
Adrián Rodríguez tiene fácil cumplir el estado de alarma. Porque, por mucho que quiera, no puede entrar en contacto con ninguna persona. No hay nadie alrededor, salvo Estefanía, su mujer. Son los dos únicos habitantes de El Almendral, una pedanía de Gérgal. Lo de esta pareja es el confinamiento, dentro del confinamiento.
Adrián es propietario de un alojamiento rural y, dentro de los mil trescientos metros cuadrados de la finca, hay efectivamente, una montaña. Y naturaleza, aire libre y libertad. Aunque, a pesar de todo, reconoce que lo peor es la soledad y, a veces, “el día se hace largo”. El único contacto que tienen con personas del exterior es cuando van a Gérgal, a siete kilómetros, para comprar provisiones. Aunque tampoco se cruzan con mucha gente, dice, porque es un pueblo pequeño.
Confía en que el bar remonte, una vez que se levante el estado de alarma, pero teme que esta crisis le pase factura al alojamiento rural. La Semana Santa es su época fuerte y se ha echado a perder. “Nuestras diez habitaciones estarían ahora llenas de huéspedes”, se lamenta. El noventa por ciento de sus clientes son extranjeros y, de cara al verano, el otro período importante, “¿quién va a querer venir a España?”, se pregunta.


