Andalucía ante sí misma
El discurso de mejora agraria llenaba la boca de dirigentes socialistas andaluces.
Mi experiencia como empresario en Andalucía me demuestra que las simpatías u odios políticos priman por encima de cualquier otra consideración, salvo, en su caso, el enriquecimiento ilegitimo. El discurso de mejora agraria que llenaba la boca de dirigentes socialistas andaluces cedía ante el que consideraban enemigo político.
Les resultaban indiferentes 120.000 olivos de regadío de nuevo cuño, cientos de nuevos puestos de trabajo, que se demostrara la capacidad de la Sierra Norte de producir un aceite de primera calidad, que primeras firmas italianas vinieran a adquirirlo… Todo eso resultaba estéril cuando de perseguir al enemigo político se trataba. No son ensoñaciones. Se trata, lamentablemente, de realidades confirmadas por funcionarios encargados de velar por las competencias de la Junta. Pedí auxilio al PP y obtuve silencio por respuesta debido a que las órdenes emanadas de quien entonces mandaba en ese partido eran idénticas a las andaluzas.
Es una forma de entender el poder de la que derivan otras aberraciones que hemos conocido. El próximo 25 Andalucía tiene una cita consigo misma. Al margen de la ideología que se sienta más próxima, de viejos abusos del pasado, de detestables comportamientos de terratenientes trasnochados, el compromiso de ese día es con esa parte tan especial, magnífica y singular de España. Dejo al margen el trato que recibí y pienso en el futuro. Andalucía reclama un cambio imprescindible. No puede seguir protegiendo un régimen que se evidencia de semejante manera. No puede con el voto legitimar estas prácticas, consolidar la doctrina de la demonización del enemigo político. Quizás no entusiasme el liderazgo alternativo, pero pensemos en Andalucía. Y llegado el momento exigiremos implacablemente responsabilidades a los nuevos gestores. Pero ahora tomemos el destino en nuestras manos.
-El blog de Mario Conde-
