¿Cadena perpetua?
Bueno, ya se sabe lo que dicen los políticos cuando la Justicia, en este caso la de Estrasburgo, que para eso somos europeos, dicta sentencia: “la aceptamos, pero no la compartimos”; a lo claro para no andarnos por extraños vericuetos, se aguanta lo que se estima una cabronada, con perdón porque me quedo corto.
Soportamos con estoicismo los recortes económicos que nos vienen dados desde Bruselas por aquello de que no entendemos demasiado de macroeconomía y pensamos que, aunque estropean las navidades, enguarran el sistema sanitario y merman las ganas de educar a la chavalería pudieran ser necesarios para salir de la crisis que soportan los de siempre, a saber: desde la jodida clase media hasta el desempleado, éste último, lógicamente, mucho más.
Tampoco el pueblo español entiende mucho de justicia, aunque sí de injusticia porque la vive en sus propias carnes; pero, por ejemplo, de la llamada “doctrina Parot”, ni zorra idea. Hoy tomaba una cerveza al mediodía con un amigo perchelero de pura cepa y me preguntaba si el tal Parot era un abogado o un juez, lo miré con amor y le dije que era un terrorista.
Pero el pueblo sí sabe, pero que muy requetebién que el que “la hace, la debe pagar”, y es por ello que en bares y tabernas no entienden muy bien lo que está ocurriendo. Se dice, entre copa y copa, que van a dejar en libertad a los terroristas asesinos, a los violadores hijos de puta y que, además, les tenemos que pagar una especie de indemnización; eso, cuidadín, señores y señoras de la justicia y política es lo que dice el currante de turno; y a continuación, ya se pueden imaginar lo que largan por la sin hueso.
Alemania, Francia, Italia e Inglaterra -me abstengo de nombrar EEUU, China, los países árabes, Israel, etc.- tienen en su ordenamiento jurídico establecida la cadena perpetua, revisable en muchos casos; pero nosotros, demócratas de “toda la vida” y “progres” más que nadie, somos la pureza hecha nombre.
Pregunten, amigos políticos, en las tabernas, peluquerías, mercados; pregunten a padres y madres, a las víctimas del terrorismo, a los que han sufrido metrallas y deshonra para pequeños, pregunten, no se arruguen, pregunten si desean tener “derecho a decidir”, no ya para lo de Cataluña y su lunática independencia, para instaurar en España la cadena perpetua revisable para delitos de sangre y comprobarán que el pueblo español entiende de justicia muchísimo más que los propios jueces.
-José García Pérez-
