Canjáyar: José Luis Aguilar Gallart, pregonero de la Navidad
José Luis, pronunció en el Jubilar templo de la Santa Cruz del Voto de Canjáyar, el pregón navideño del año 2013. Una profunda reflexión, un obsequio, una caudalosa abundancia de pensamiento y amor para que todo el pueblo de Dios que se prepara para inspirar luces y mover corazones en estas fiestas navideñas.
Todo un abanico de meditadas sugerencias para descansar en el regazo de la Virgen María y encontrar con fuerza al Niño Dios que nace.
La vida espiritual es mucho más que un aspecto de nuestra vida, es más bien nuestra vida toda entera animada por el Espíritu, y José Luis, lleva ya muchos años adentrándose y percibiendo el fulgor moral, amando y hablando a la Madre de Dios, a Jesucristo y a todos los hombres de buena voluntad. Las almas finas saben que en la vida las cosas más pequeñas tienen su importancia, saben que no hay detalles insignificantes. El texto del pregón está lleno de gestos de delicadeza, de ternura y de amor.
Aunque José Luis deseaba que la realidad fuese mucho más normal, no pudo evitar las numerosas felicitaciones de los canjilones y amigos, motivo que sinceramente y de corazón correspondió con gratitud. Igualmente se regocijó de los ecos espirituales que manifiestamente produjo su pregón.
Aquí dejo el texto de su proclama navideña, una llamada dirigida a cada uno de nosotros, por si estamos interesados en buscar a Jesús y encontrarlo.
Buenas tardes canjilones, muchas gracias por invitarme a ser anunciador de la Buena Noticia 2.013, en esta comunidad cristiana de la Santa Cruz del Voto. Es un dignidad que solo puedo merecer por el cariño y la hospitalidad que me dispensáis. ¡¡ FELIZ NAVIDAD!!, que el Niño Dios nos bendiga a todos y disponga nuestros corazones, colocándonos en ellos, el pesebre de Belén.
Os anuncio amigos y hermanos, una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo;
escuchadla con corazón gozoso.
Hace 2013 años,
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,
ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada,
de María virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David,
nació Jesús,
Dios eterno,
Hijo del eterno Padre y hombre verdadero,
llamado Mesías y Cristo,
que es el Salvador que los hombres esperaban.
Y hoy aquí, en Canjáyar, nosotros queremos decirle a la Virgen María, a San José y al mundo que SI tenemos sitio para acogerles.
Y que celebramos con gran alegría el nacimiento del Mesías.
Y que nos unimos a los Coros celestiales para gritar con Júbilo:
“Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.
La Navidad cristiana, a la que me voy a referir en este Pregón, debe ser ante todo, una larga noche mágica, preparada durante el Adviento, duradera hasta el final de nuestra vida terrenal; abriendo nuestros corazones para que Dios encuentre un lugar cómodo en nuestras vidas, en nuestros proyectos, en nuestros sentimientos y abrazados a Dios Nuestro Señor, seamos luz del mundo, en el que Nace Jesús, nace la vida, nace la auténtica esperanza de las personas, la sabiduría escondida aparece en nuestro mundo.
Junto al Niño Jesús nos podemos recostar dejándonos acariciar por su palabra, anhelando que nuestra delicia sea mirarlo y contemplarlo a El, y porqué no, también a María y a José, un auténtico lujo.
Nos encontraremos alrededor de una mesa con nuestras familias, amigos, comunidades cristianas, etc., en cualquiera de los casos para meditar y profundizar sobre el misterio de Jesús, que siendo Dios voluntariamente, nace en la extrema pobreza. Una cena de familia, de encuentro para descubrir lo que somos, en actitud de gozo compartido. Pero, además de esa cena de familia, son muchos los cristianos que quieren celebrar (y celebramos) una “misa” de familia más grande, el nacimiento de Dios que ha sido en Belén y que sigue naciendo en nuestros corazones.
Es esta una verdadera historia de Amor que nos conmueve. Dios Nuestro Señor que se hace carne, convertido voluntariamente en un niño indefenso, como somos todos los recién nacidos, que en su adolescencia seguramente fue carpintero durante años, hasta que inició su misión, nos deja el legado de su Evangelio en su vida pública, nos ama y nos abraza como un padre y una madre abrazan a su propio hijo, que ha compartido con nosotros, su tiempo, revelándonos el Misterio de Amor del Padre misericordioso, y, que voluntariamente muere en la cruz para redimir nuestros pecados y glorioso al tercer día resucita, para seguir amándonos y para que nosotros lo amemos a Él.
La historia de la Iglesia a lo largo de más de dos milenios, contempla a millones de Santos y Mártires, que dieron testimonio de su fe y se entregaron al martirio, por amor, perdonando e incluso rezando por sus ejecutores. ¿Estaban todos locos o realmente habían visto, vivido y encontrado algo extraordinario?
La Navidad es Belén, una historia de la Biblia, algo que pasó en otro tiempo, con María y José.
La Navidad son los pastores, los marginados de la historia, los más pobres, los niños de la periferia.
La Navidad es Dios, Dios que ha querido nacer entre los hombres, no para dominarles desde arriba, sino para ser en ellos y con ellos.
Navidad es la Iglesia que da testimonio del nacimiento de Dios en el conjunto de la historia, la Iglesia hecha carne palpitante, para el amor.
Navidad eres tú, Dios nace en tu vida… Tú mismo eres Belén y los Pastores, y la Virgen María … Eres nacimiento, una puerta por la que Dios entre en el gran universo y en la historia.
Navidad es nuestra fiesta.
Es memoria del nacimiento de Jesús en Belén.
Es el misterio de una Virgen-Madre.
Es misterio celebrado y adorado.
Es canto de ángeles y anuncio de paz sobre la tierra.
Es creencia para los hombres de buena voluntad.
Es la Palabra que habla en el silencio del pesebre.
Es la Luz que ilumina y ciega.
Es el nacimiento de Cristo, la Cabeza y de su Cuerpo, la Iglesia.
El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz.
Misterio siempre nuevo.
Es el día de la alegría y del gozo de la salvación.
Es felicidad misteriosa.
En uno de los himnos de la liturgia navideña la Iglesia expresa así esa “felicidad misteriosa”:
“Ver llorar a la Alegría,
ver tan pobre a la Riqueza,
ver tan baja a la Grandeza
… y ver que Dios lo quería”
Él que por nosotros quiso nacer no quiso ser ignorado por nosotros. ¡Pequeño e infinito su amor! Y porque su amor es infinito, se ha acercado a nosotros.
Jesús no viene a revelarnos escondidos secretos, ocultos arcanos en los que estaría cifrado el sentido de la vida. El viene para ser la vida, darnos la vida, llenarnos de esa vida que es capaz de acabar con la misma muerte.
Pero meditando en los diferentes escenarios que nos presenta el precioso relato de San Lucas, permitidme algunas reflexiones:
BELÉN DE JUDÁ
Tomo aquí Belén en sentido simbólico, como ciudad del Mesías que un día ha nacido, pues de hecho él pudo haber nacido en cualquier otro lugar del mundo.
María y José viven en Nazaret, ella está embarazada y tienen que ponerse en camino, con los medios de transporte y locomoción de la época, para cumplir con sus obligaciones de ciudadanos, de acuerdo con las órdenes del político de turno. Viaje, no exento de riesgos dado su avanzado estado de gestación y los peligros del camino. Llegan a Belén como unos humildes “sin techo”, “okupándo” el establo de una posada abarrotada, porque no había sitio para ellos, (probablemente no harían la correspondiente “reserva”. Luego llegó un parto, menos mal que sin complicaciones. Noche sin luz y con mucho frío.
No había previsto San José un plan B en su agenda, y como les ocurre a millones de seres humanos, fundamentalmente pobres, en nuestros días, o lo tomaban o lo dejaban. Menos mal que luego llegaron los pastores, los ángeles, el consuelo del amor y el canto de Gloria en un mundo entramado de desapego e indiferencia. Intuyo que aquella noche en Belén de Judea, si había dulces es porque lo habían traído los pastores y serían de queso.
Cabe ahora preguntarnos, quien de los humanos podía imaginar que un hecho tan sencillo y humilde como el nacimiento de un niño en el establo de una posada de Palestina, pudiese tener tanta trascendencia para el género humano. Lo cierto es que Jesús entró en nuestro planeta mundo por la puerta de atrás, sin ruido y de la manera más discreta posible.
Lo que más nos puede impactar de aquella noche en Belén y que enlaza con nuestro mundo de hoy, es su precariedad, lo complicado de la situación, el estar con el agua al cuello, el tener que parir solos los dos a la luz de las estrellas sin más canastilla que lo poco que María se había traído de Nazaret, aquellos pañales con los que, dice el Evangelio, lo fajó y lo envolvió.
Y es que el Hijo de Dios, desde el minuto uno de su nacimiento en este mundo, voluntariamente se encarna en el corazón de los pobres. Hermosa lección de Amor, que hoy choca con el derroche en grandes eventos y celebraciones (baste leer las revistas del corazón o periódicos) y la convergencia con el ejemplo de vida del Papa Francisco.
Porque el nacimiento de Jesús es un hecho histórico, que expresa y proclama el nacimiento de Dios en la historia de los hombres. No nace en el palacio del rey, ni en una gran mansión, sino en un descampado, entre los no aceptados por la sociedad que esta noche celebra sus grandes cenas. No, sin duda no está allí, de esas cenas está fuera.
ENTRE LOS MARGINADOS
Nace Dios, después de milenios de preparación, pero nadie de los grandes de este mundo le recibe. No le reciben en el pueblo sagrado de Belén, no le acogen en las casas de los ciudadanos pudientes del lugar, pues la tienen cerrada por el miedo a los ladrones. Por eso llega al mundo a cielo abierto y le reclinan sobre un pesebre de animales, de manera que así puede aparecer como señor y salvador de todos los vivientes.
No están allí, la radio, la televisión ni los rotativos para recoger el acontecimiento, tampoco el emperador de Roma, ni el sacerdote de Jerusalén, ni el sabio de Atenas, ni el místico de la India, ni el comerciante de China, ni el chamán de Siberia…
No hay nadie a quien Dios pueda contar su historia… a no ser unos “pastores”, es decir, unas personas de la época que no estaban inscritas en los grandes censos. Ellos, los pastores, eran en aquel tiempo los sin papeles, los irregulares, como si hoy dijéramos: los que no tienen casa, ni cena, ni seguridad, los niños y adultos de la calle. Los caminantes, exilados, inmigrantes…
Nace Dios entre los Parados, entre los afectados por las crisis, los expulsados de la ciudad, emigrantes, los solitarios, los nómadas de la vida…
DIOS MISMO VIENE A CELEBRAR.
Esto es lo más grande. No es fiesta de Belén, ni de pastores… No es fiesta de emperadores, comerciantes, soldados o sacerdotes y sabios… Es la fiesta de Dios, que se alegra y lo celebra, porque nace su Hijo entre los hombres de forma salvadora, no para imponerse sobre ellos, no para mandar desde arriba, sino para compartir desde dentro, con ellos, el camino de la vida:
Ésta es la noche de la palabra de Dios, que no escuchan los soberbios, ni los que cierran los oídos y el corazón. Él mismo ha querido nacer, él invita. La ciudades están engalanadas de luces de comercios, los templos están abiertos, los palacios iluminados…
Todos esperan, los grandes del mundo… Pero Dios ha querido celebrar su fiesta en los arrabales de los desheredados, emigrantes… gente que puede ser buena, pero que no se define por “buena” sino por desarraigada, problemática. Allí, entre esa gente, dice Dios su Palabra:
Un gozo grande para todo el pueblo de Canjáyar, de Almería y su provincia, y para todo el mundo. Dios está en un pesebre, en la cueva, bajo el puente de los mendigos, en la choza de los inmigrantes, en el monte Gurugú, pendientes del momento oportuno, para saltar la verja metálica, con cuchillas incorporadas de seis metros de altura de la frontera con Melilla.
Ya lo sé, en muchas las casas, las familias han puesto un árbol para que nazcan allí los regalos, hasta en la plaza del Vaticano lo han puesto y está bien… Pero Dios no dice su palabra a los dueños de los grandes árboles, sino a los débiles expulsados de la gran sociedad.
FIESTA DE LA IGLESIA, PARA TODOS
La navidad es una fiesta cristiana; ella es con la pascua de resurrección la fiesta cristiana por excelencia. Pero es, al mismo tiempo, una fiesta universal, que tiende ya a celebrarse de algún modo en todo el mundo: ¡El nacimiento de Dios, es decir, de la vida!
Sobre la cuna de Jesús se ha iniciado el camino de la nueva fe.
Por eso queremos que la Iglesia siga ofreciendo el signo de la Navidad, es decir, el signo universal de la vida de Dios que nace entre los más pobres, en camino de justicia y de amor.
DIOS NACE EN MI VIDA
Hay una dimensión final de la Navidad que han puesto de relieve desde antiguo los orantes, los contemplativos, los místicos:
La navidad soy yo, y eres tú… Dios que nace en mi vida, en tu vida y en nuestra propia realidad de personas. Ésta es una experiencia que han puesto de relieve los grandes cristianos. Entre ellos quiero destacar a San Juan de la Cruz, el santo de la Navidad, que cantaba coplillas a la “Virgen preñada que va de camino… esperando que la recibamos”.
Somos Navidad de Dios; es decir el nacimiento de Dios en nuestra vida.
LA CONFIANZA DE SAN JOSE EN DIOS, ES MODELO PARA NOSOTROS.
José es el que permanece en segundo plano, oculto, escondido, con su sí permanente es el hombre fiel: de fe a prueba de fuego, dócil a la voz del Señor, aunque sea en sueños, como solía hablarle el ángel. Se acomoda a los planes divinos sin protestar. Le veo con una fe que rezumaba paz: cuando una cosa iba como esperaba diría: “gracias a Dios!”, y cuando iba al revés, diría: “bendito sea Dios!”, de manera que siempre estaba entre dar gracias y bendecir a Dios.
El acontecimiento humano, lleno de encanto, de dos jóvenes que se enamoran y se desposan, con su alegría. En María y José encontramos un matrimonio ejemplar, modelo para todos nuestros hogares.
María es la que está en el centro hasta Navidad, y hoy vemos también a San José como foco de luz. La caricia de Dios da vida otra vez a José, que así se va preparando más y más para su misión.
La delicadeza de José, este justo, capaz de entrar en los secretos de Dios. Dios necesita de los hombres. He aquí un matrimonio, marido y mujer que recibe una responsabilidad excepcional. Este niño no es un niño ordinario. De El, se dirá más tarde que es “hombre y Dios”.
A nivel espiritual, veo que estos pasajes nos enseñan a vivir las “dificultades” en positivo: transformarlas en “posibilidades”, de amar más, de ser más entregados, de tener más fe y perseverancia; así se refuerza el amor y la fidelidad.
Se intuye que para ellos los nervios no degeneraban en discusiones; que cuando no podían solucionar una cosa hablando, optaban por el silencio (es una forma de diálogo, cuando se ama): meditar las cosas, el silencio de la oración.
Todo esto es modelo para nosotros, les pedimos a José y María que nos ayuden a dejarnos llevar por Dios, a tener confianza y ver esa mano invisible que nos acompaña y nos guía a lo largo de la vida.
Concluyo, entrañables amigos y queridos canjilones, recordándoos una vez más, que la Navidad es el nacimiento del Niño en nuestros corazones, que un día fue Navidad en la vida de cada uno de nosotros, porque Jesús nació en nuestro corazón y hasta hoy aquí sigue, y para mantenerlo hagamos el propósito de ser santos, amando de verdad, ¡ojo! que esto cuesta mucho, a nuestro prójimo y a Dios Nuestro Señor.
Si por alguna razón de nuestra debilidad humana, no le hemos entregado nuestra vida a Jesús, hagamos todos los días del año Navidad, Él nacerá en nuestros corazones y a la vez en un futuro nos regale la vida eterna.
Él no vino a la tierra para ser celebrado, Él vino a la tierra a morir por nosotros, para que nosotros ahora vivamos por Él y para Él. Después el premio…
¡¡FELICES FIESTAS DE NAVIDAD CRISTIANA!!
GRACIAS UNA VEZ MÁS POR VUESTRO CARIÑO.



