Capital.- Los Villancicos y los Campanilleros llenan de color navideño el ambiente del Teatro Apolo
Con la Nochebuena y la Navidad a las puertas, el teatro Apolo se llenó este sábado de Villancicos y Campanilleros con la actuación de Anabel Castillo y El Niño de La Manola, así como con el arte del Grupo El Morato, en el marco de la celebración de la Navidad Flamenca 2012. Un evento que llenó el Apolo al completo, espacio que incluso se quedó pequeño para la demanda de público que quería presenciar tan ameno, divertido e intenso espectáculo.
El almeriense Antonio Zapata, muy relacionado con el mundo del flamenco, fue el encargado de abrir el espectáculo con una precisa y curiosa presentación en la que explicó el origen tanto de los villancicos como de los campanilleros al numeroso público asistente.
Así, Zapata recordó que los villancicos surgen en el siglo XV/XVI y su nombre se deriva del nombre de las personas que los interpretaban que era n los villanos o habitantes de las villas, que generalmente eran campesinos y habitantes del medio rural; mientras que los campanilleros tienen su origen en el siglo XVII. Con ese nombre se conocía a un grupo de ronda nocturna que cantaban los Misterios del Rosario de la Aurora, acompañados de una serie de instrumentos típicos, entre ellos el que da nombre a este cante que es una colleja de campanillas similar al que llevaban las bestias en el campo para arar o trillar.
Sin embargo, los villancicos flamencos comienzan a cantarse a principios del siglo XX en Jerez de la Frontera y el encargado de darlos a conocer es Rafael Ramos Antúnez, conocido desde ese momento como ‘El Niño Gloria’ por ser la palabra repetida en el estribillo del villancico. Desde ese momento son numerosos los artistas flamencos que lo comienzan a interpretar e, incluso, peses a que los villancicos flamencos se suelen cantar por bulerías, se incorporan otras músicas flamencas como los tangos, las rumbas, las nanas, los tanguillos, alegrías, peteneras, sevillanas, malagueñas o verdiales, entre otras.
En este sentido, Zapata explicó al público que los villancicos se incorporaron al mundo flamenco sobretodo por un movimiento que hubo en Jerez en los años 50 y 60 del siglo pasado, a través del espectáculo denominado ‘Zambomba flamenca’.
Por su parte, los campanilleros, que eran canciones folclóricas, se hacen cante flamenco por la inspiración del cantaor jerezano Manuel Torre.
Así, en la noche de ayer, el teatro Apolo se llenó de villancicos y también de campanilleros para recordar que la Navidad tiene que ser una época de alegría en la que el cante, la luz y el color no falten.
En la primera parte del espectáculo los protagonistas fueron la cordobesa Anabel Castillo, acompañada a la guitarra de Francis Hernández, más conocido como El Niño de la Manola. Ambos son profesores del conservatorio de Música y Danza de Almería. Junto a ellos, subieron al escenario las Hermanas Calvo Espín a las palmas y los coros, y Salvador Martos a la percusión.
En su actuación, el segundo de los villancicos interpretados por Castillo fue por colombianas; asimismo, dedicó varios temas tanto a su grupo, como a los asistentes, como de manera muy especial quiso ofrecerle uno de Pepe Pinto a su abuela, recientemente fallecida, que fue precisamente quien se lo enseñó de niña.
Castillo también tuvo tiempo de interpretar campanilleros, mientras que la despedida la hizo con un villancico por bulería.
Tras un descaso de 15 minutos, fue el turno del Grupo El Morato, muy conocido en el ambiente flamenco almeriense. Así, subían a las tablas del Apolo los cantaores Antonia López y Rafael López, el guitarrista Antonio García ‘El Niño de las Cuevas’, referente del flamenco en Almería, acompañado por sus hijos Ana Mar al cante y Antonio García ‘Niño Quero’ en el toque.
Así, en la segunda parte del espectáculo, los villancicos típicos de la provincia y con letras almerienses no dejaron de sonar para alegría del público, que se animó también a entonar algunos villancicos populares al final de la noche, a petición de los artistas, como ‘Campana sobre Campana’ o ‘Los peces en el río’.
