CAPITAL.- Malikian e Yllana sembraron de humor, buena música y espectáculo un Auditorio Maestro Padilla repleto y entregado
Prometía y no defraudó. Dos genios de la música clásica, entendida de una forma muy particular y con un desternillante barniz de humor, Ara Malikian y el grupo Yllana, se daban cita noche en un repleto y entregado Auditorio Maestro Padilla, para hacer disfrutar a los almerienses de un espectáculo que ha triunfado allá por donde ha ido: ‘Pagagnini’.
El gran maestro libanés del violín, Ara Malikian, muy querido y admirado en una Almería que no duda en visitar en cuanto puede, junto con la veterana compañía de teatro, humor y música gestual Yllana, desarrollan un montaje basado en la música clásica de cuerda, el humor, las situaciones cómicas, el gesto, la parodia y la mezcla de situaciones serias con otras absurdas, siempre con la complicidad del público.
Por el escenario desfilaron anoche estilos musicales tan diversos como la música clásica más ortodoxa, con autores como Mozart, Pachelbel, Falla, Bizet o Vivaldi; el tango, el flamenco, el rock y el estilo de los Blue Brothers, la música española del XIX y también la música contemporánea experimental, que no escapó a la parodia de los artistas, en cuanto a la búsqueda de nuevos sonidos y el uso de instrumentos no convencionales, como un cencerro que llevó el espectáculo a su parte más absurda.
Sobre un escenario de concierto de cuarteto de cuerda, Malikian ejerce como director de un repertorio tan imposible que acaba en ‘des-concierto’, tal y como ellos lo califican, provocando la incertidumbre incluso de la voz en of, que poco a poco va comprendiendo que aquello ha perdido la ortodoxia desde el primer minuto.
El público juega un papel importante en el espectáculo: desde peticiones de acompañamiento con las palmas o con los chasquidos de los dedos, hasta la llamada a dos voluntarios, un hombre y una mujer, que terminará siendo víctima del enamoramiento de uno de los músicos, que irá hasta su asiento para declararle su entregado amor, entre las risas del patio de butacas.
Un violín eléctrico es el símbolo que suena a ritmo de rock y que es utilizado para interpretar varios temas a diversas voces con un único instrumento, simboliza esa mezcla y fusión de estilos musicales, aunque durante todo el espectáculo, este clásico instrumento es usado para repasarlos todos, tocado con o sin el arco, utilizado como guitarra y como banjo y expuesto a todas las posibles interpretaciones y usos que éste puede ofrecer.
Al final, ‘Pagagnini’ es un proceso musical que va ‘in crescendo’, pasando desde la fina mezcla de música clásica heterodoxa con un hilo de humor gestual, hasta un estallido de risas y de los sonidos más insospechados y estridentes sacados armónica y vibrantemente de los violines y el violoncello. Un espectáculo musical de alto voltaje y variado tono, sobre una base de humor también diverso, que hizo entregarse sin remisión a un Auditorio Maestro Padilla al que supieron a poco las, alrededor, de dos horas de arte y artistas.
