CAPITAL.- Un divertido Juan Tamariz deja con la boca abierta a un público entregado en el Auditorio Maestro Padilla
El espectáculo de ‘Magia Potagia’ del mago más grande de España y del mundo prometía y, como era de esperar, Juan Tamariz no defraudó al público almeriense que casi llenó el Auditorio Municipal Maestro Padilla para verlo. Desde el principio, un divertido Juan Tamariz dejó boquiabierto a todos en un espectáculo en el que la participación de los presentes fue la tónica general y una parte fundamental del juego.
En ‘Magia Potagia’ Juan Tamariz ha sido capaz de reunir para los amantes de la magia y de este mago tan especial, una selección de sus mejores números, algunos nuevos, como siempre innovando, y otros aprendidos y perfeccionados durante sus más de cuarenta años de carrera. En ellos el público pasó de la alegría, gracias a sus chistes y bromas, como fue el primer truco con el que, de repente, en la mano de uno de los asistentes apareció un guante rojo como el que llevaba el mago; hasta el asombro, de ahí al pasmo, al misterio y de vuelta a la risa.
Éste fue el caso de uno de los trucos que más aplausos recibió con un homenaje al cine y a los Hermanos Lumiere y a Georges Meliès. Y es que, según explico Tamariz “el cine no es sino la combinación de efectos especiales que los magos idearon para seguir dejando boquiabierto a su público”. Así que, con una cámara, una pantalla redonda, una baraja y dos voluntarios se dispuso a hacer que el público se quedara asombrado al ver cómo con un truco de ‘stop trick’ protagonizado por ‘Manolito’, un monigote dibujado en la baraja, fue capaz de adivinar cuatro cartas diferentes sacando de la chistera (dibujada en la baraja) la carta en cuestión. Sin duda, un juego de cartas únicos que hizo Tamariz se terminara de meter al público en el gran bolsillo mágico del mago, reconocido recientemente, con el premio ‘Master Fellowship’, el más importante dentro del mundo de la magia.
Así, durante dos horas, los asistentes pudieron disfrutar de grandes ilusiones, muchos juegos de participación con el público y espectaculares trucos de magia muy cerca de las butacas del público. Además, junto a Tamariz también estuvieron tres magos muy especiales: el español Manuel Vela, el argentino Mago Ada y la colombiana, esposa de Tamariz, Consuelo Lorgia.
El primero, con unas simples pelotitas, hizo que el público arrancara en aplausos en varias ocasiones y despertó las sonrisas más tiernas gracias a sus sombras chinescas sobre una pantalla en la que, con tan sólo sus manos, hizo aparecer cisnes, monos, gatos e, incluso, un camello. Por su parte, el argentino Mago Ada, con tan sólo un movimiento de pañuelo y muchas risas, fue capaz de hacer aparecer una botella de vino y, Tamariz, imitándolo, una botella de cerveza.
Otra de las sorpresas de la noche fue la que llevó a cabo la amable maga colombiana Consuelo Lorgia que, mediante sus poderes telepáticos, fue capaz de adivinar las cartas que estaban tocando algunos de los componentes del público e, incluso, fue capaz de saber la carta que pensó otro de los voluntarios, arrancando los aplausos del palco de butacas.
Sin duda, en contra de lo que los más escépticos pudieran haber pensado pensar, a priori éste ha sido un espectáculo que se vio y se notó perfectamente en el gran teatro de Almería a pesar de su amplitud.
Magia en estado puro y risas divertidas que hicieron que el público saliera del Auditorio Municipal Maestro Padilla con el mejor sabor de boca en la noche del sábado. Y es que Juan Tamariz demostró por qué es el mejor mago de nuestro tiempo: sin grandes ilusiones, no hizo desapariciones de tigres o bellas mujeres, pero sí que dotó de vida a los pequeños objetos consiguiendo milagros cotidianos, derogando la poesía de las leyes de la naturaleza y haciendo que la magia se palpara en todas y cada una de las caras de los asistentes gracias, también, a un conejo blanco de sacado de una chistera.
