Carmen Calvo, oráculo de Sánchez, portavoz de su gobierno feminista
Hemos visto gobiernos de todas clases, de derechas, de izquierdas, de vulgares politicastros o de expertos tecnócratas, de defensores de la democracia o de furibundos dictadores que no han tenido escrúpulo alguno si ha sido preciso, para conseguir sus propósitos, masacrar a una parte del pueblo que no les había rendido pleitesía; incluso han gobernado reyes o reinas con dispares modelos y fórmulas de dirigir a sus súbditos, según fueran absolutistas o pertenecieran a estirpes dedicadas a proporcionar felicidad y bienestar a sus ciudadanos. No obstante, la señora Carmen Calvo, uno de los pilares de este gobierno paritario que ha creado (podríamos decir que a su imagen y semejanza) el señor Pedro Sánchez, en una de sus comparecencias que tanto gusta de prodigar, nos ha hablado por primera vez de un nuevo tipo de gobiernos: el gobierno “feminista” que, por lo visto, es el que actualmente preside y dirige nuestro acurado Presidente del Gobierno. Y es que, esta señora de aspecto serio, de ceño huraño y expresión sincopada y tajante, no se priva nunca de hablar ex cátedra, expresando sus convicciones o las de su mentor, el señor Sánchez, con la seriedad y suficiencia de quién no admite réplica a sus argumentaciones.
Lo malo es que toda esta parafernalia no le priva de cometer, en sus declaraciones, pifias y errores que no se corresponden con personaje de tan alta categoría como es la que ostenta, por delegación expresa del señor Sánchez la señora vicepresidenta. Por ejemplo si el otro día incurrió en abultado disparate cuando habló de que con frases no se delinque, hace poco ha vuelto a insistir en algo que de puro sobado ya no debería ser motivo de discusión y menos de empecinamiento como sucede en el caso de todos estos que todavía no se han enterado de que, con el nacionalismo catalán, no hay quien pueda discutir de nada ya que sus premisas a cualquier discusión y concepto de lo que debe tratar en ellas es tan limitado y excluyente que, en todas las ocasiones en los que se les han dado ocasiones de departir con los respectivos presidentes del Gobierno español, de lo único que han pretendido hablar, no conseguido, ha sido de las condiciones, plazos, fechas y circunstancias en las que se podría plantear un referéndum en Cataluña sobre, el tantas veces mentado, derecho a decidir.
Puede que a un gobierno de una nación le tiente el solucionar los problemas por la vía más rápida, menos dura y más lógica de tratar las posibles diferencias mediante el diálogo, el estira y afloja, el “yo te doy para que tú me des” o el “te cambio esto por aquello”. En este tema que nos ocupa, de una forma u otra se lleva dialogando, por los distintos gobiernos que han intervenido en este contencioso con Cataluña, siempre en forma de un desesperante diálogo de sordos, porque los planteamientos de los separatistas nunca han variado a través de la serie de años que se viene discutiendo acerca de esta ruptura anunciada que, para los soberanistas, no tiene otra solución o enfoque que, el gobierno central de la nación, se preste a aceptar que se les conceda un gobierno independiente para el territorio catalán; algo tan absurdo e inimaginable que cualquier conversación sobre este tema no es más que una pérdida de tiempo y una cesión que nunca se les debe dar a los traidores a la patria que, por cualquier medio a su alcance, llevan intentando conseguir su propósito, cualesquiera que sean las malas artes de las que se hayan de valer ( aquí tenemos la repugnante campaña de Puigdemont y su compañía de prófugos de la justicia, encaminada a crear un ambiente de hostilidad y rechazo hacia la nación española, su jefe de Estado el Rey, sus instituciones y, en especial, su soberanía sobre la aplicación de Justicia.
Que a estas alturas las comparecencias de cara a la galería del presidente del gobierno, don Pedro Sánchez, se centren en repetir, como un ave psitácida cualquiera, con la machaconería que les es consustancial, que en Cataluña la solución está en el diálogo político, mientras Torra y su séquito de separatistas, como la CUP, ERC, la ANC y el Omnium Cultural se centran, sin desviarse de ni un ápice de su obsesión separatistas, en los dos puntos en los que vienen centrando su interés: la libertad de los presos que, para ellos, son políticos y en la celebración de un referéndum, en este caso pactado con el Estado, en el que los catalanes pudieran decidir si quieren seguir perteneciendo a la nación española o, por el contrario, deciden independizarse de la misma; en cuyo caso, es evidente, que la petición de independencia sería la única salida viable, según su forma de presentar los hechos, con una única particularidad ¡ que sería absolutamente inconstitucional y, en consecuencia imposible de llevar a cabo!
Lo que desearíamos que nos explicase el señor Sánchez o su oráculo, la señora Calvo, ¿qué es lo que quiere decirles a Torra o a sus compañeros de aventura, que no se les haya dicho por activa y por pasiva, tanto durante la época del gobierno del señor Rajoy, como desde que, el nuevo gobierno, ha entrado a gobernar la nación española? Es evidente que de lo que se trata es de ir intentando retrasar aquellas decisiones, evidentemente claras, que se deberán tomar si estos señores soberanistas, como vamos a ver dentro de unos pocos días, con motivo de la “diada” del 11 de septiembre y, con toda posibilidad, dependiendo del éxito de la primera manifestación que, sin duda, van a organizar para aquella fecha, cuando se celebre el primer aniversario del fallido e ilegal referéndum del 1 de Octubre, una consulta sin ninguno de los requisitos precisos para garantizar la legalidad, la limpieza y los requisitos esenciales para que cualquier consulta al pueblo se pueda considerar que se ha realizado con todas las garantías para que refleje, con claridad y sin la menor sombra de duda, la verdadera voluntad de la ciudadanía.
El insistir, tercamente, en la solución del “diálogo” nos hace sospechar que, lo que hay escondido detrás de tan repetitivo argumento, pueda rozar la ilegalidad y que, las conversaciones que ya existen entre ambas partes, preparatorias de la reunión que van a volver a celebrar Sánchez y Torras, puedan intentar preparar algún tipo de maquinación, añagaza legal
( recordemos la que tienen in mente Podemos y el PSOE para evitar que el tema de la elevación del techo de gasto, Lastra habló sobre ello, siga el trámite constitucional de su paso obligatorio por el Parlamento de la nación) o contubernio por el que Sánchez intente conseguir alargar el plazo que precisa para llegar a la fecha de las próximas legislativas, de modo que, en una nueva legislatura, se acordara alguna concesión, amparada en una modificación constitucional, si se consiguiera una mayoría suficiente que apoyase tal tipo de cambio.
Y un comentario sobre las señoras ministras de este nuevo gabinete en el que el señor Sánchez no ha regateado representación femenina. Si la señora Calvo, como ha dicho ella misma, se declara feminista, ¿cómo es que, ante la agresión que ha sufrido una señora que quitaba lazos amarillos de las calle, saliendo trompicada y herida del ataque de aquel energúmeno, no hemos oído a ninguna de las señoras ministras de su gobierno ni de las distintas asociaciones que tanto se dan a conocer cuando salen a las calles para pedir más concesiones en favor de las mujeres, que manifestase un apoyo incondicional, una repulsa en contra del atacante o una petición de que la Justicia actuase en su contra, algo que, vean ustedes, todas ellas se apresuraron a pedir cuando los de “la banda” fueron acusados de violar a una chica? Tenemos que pensar que el feminismo o, las feministas de este nuevo gobierno, sólo se preocupan y reaccionan cuando las afectadas por una agresión semejante pertenezcan a la izquierda o a los separatistas que se enfadan si alguien retira los lazos amarillos cuando, en realidad, se trata de un apoyo ilegal hacia unas personas pendientes de ser juzgadas por gravísimos crímenes sobre la unidad de España. Todo lo que se diga en apoyo de los presos o es ignorancia o demuestran que no son merecedores de esta independencia que solicitan, porque no son capaces de aceptar las leyes, algo imprescindible en cualquier democracia.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no podemos llegar a entender que, estando así las cosas en España y ante la falta de democracia que se viene notando en todos los ámbitos, quienes tienen la obligación de impedir semejante estado de cosas, sigan en la inopia, sin reaccionar y permitiendo que la escalada de delincuencia en contra de los derechos de los ciudadanos siga aumentando, ante la pasividad de quienes debieran dar ejemplo de defensa de nuestro ordenamiento jurídico.
-Miguel Massanet-
