Carta abierta a D. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid
Estimado Florentino Pérez, presidente del Real Madrid:
Leo que para presentar unas tarjetas VISA en Emiratos Arabes Unidos patrocinadas por el Real Madrid, el equipo al que sigo y siento desde que tengo uso de razón, se ha mutilado su escudo de una parte que, casualmente, no es sino la cruz que engalana la corona real que convierte al equipo de la capital de España en “Real”, y a la que un día me referí en esta columna con todo orgullo (pinche Vd. aquí y verá que no le miento)
Quiero expresar a Vd. mi más profunda desaprobación por el gesto realizado por nuestro común club, y del que considero a Vd. responsable último.
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Más allá de que me pregunto hasta qué punto era preciso hacer semejante concesión para consumar la operación en cuestión, dudo mucho de que el Real Madrid tenga derecho a eliminar uno de los elementos que forman parte de la corona real la cual no está en el escudo del club por casualidad, sino precisamente por su condición de “real”. Pero por encima de todo, me aflige la absoluta carencia de principios que el gesto exhibe, y la cobardía, la claudicación, la rendición que demuestra en un equipo que, según se nos dice a diario, no contempla otro escenario que el de la victoria, y no tiene que tenerle miedo ni a nada ni a nadie.
Sr. Pérez, podría decirle a Vd. que estoy avergonzado como cristiano. Y no sería correcto: como cristiano, el gesto me ha dolido, pero no avergonzado. Si hemos de hablar de vergüenza, no estoy avergonzado como cristiano, lo estoy como madridista. Y por madridista, como español, siendo, como así es, que el Real Madrid es la principal contraseña de la llamada “marca España”.
Es un pésimo ejemplo el que con gestos como el presente damos a nuestros jóvenes que, no lo olvide Vd., Sr. Pérez, se miran en el espejo del Real Madrid, algo que forma parte del patrimonio del club mucho más que cualquier pequeño beneficio económico que se pueda conseguir con una operación como la que acaba de realizar Vd. en Emiratos Arabes Unidos.
Un saludo
Luis Antequera

