Con un par… de botas
El final de esta incierta temporada futbolística, tan marcada ahora por sístoles y diástoles, nos deja en Almería un episodio que nos permite calzar una gran metáfora sobre el desequilibrio de esta apasionante competición. Como quizás ya sepan, dos jugadores de nuestro equipo han tenido que hacer un llamamiento público a través de la prensa para poder recuperar las botas que, en un exceso de entusiasmo al creerse ya salvados tras vencer al Granada, lanzaron a los aficionados almerienses que acompañaron al equipo en ese trascendental desplazamiento. Al margen de que, junto con la oreja recién cortada a un toro, una bota sudada sea probablemente el último objeto que uno desearía de llevarse como recuerdo de un espectáculo, esto de ver a los futbolistas almerienses agobiados tratando de rescatar unos borceguíes usados nos centra un asunto que quizás pase desapercibido durante la campaña: la tremenda desigualdad existente entre los equipos. Mientras que los futbolistas del Almería han de cuidar con celo su material de trabajo, los jugadores de otros equipos más ricos pueden estrenar botas diferentes, personalizadas y cosidas a medida, prácticamente en todos los partidos. Si se fijan, verán que en las retransmisiones de los partidos de los grandes equipos siempre se ofrecen planos cortos del calzado deportivo de las megaestrellas, para que así podamos ver bien la marca patrocinadora y toda esa colección de colorines que han acabado desbancando al sobrio color negro de los pies de los jugadores. Puede que haya quien viva con algo de vergüenza ajena este episodio de recuperación utillera pero creo que esta demostración de sencillez debería ayudarnos a valorar en su justa medida todo el mérito de un grupo que, desde la modestia, ha sabido conjurar el previsible batacazo y alcanzar la víspera de sus objetivos con posibilidades de éxito, echándole un par. De botas, digo.

-José Fernández-
