Contra la corrupción, conversión.
El análisis de la decepcionante realidad que vivimos en España, al estilo de Occidente, puede derrumbarnos. No es fácil entender cómo los ideales proclamados en las leyes, se materializan en comportamientos tan diferentes, ajenos a la democracia, a la ética, a la convivencia en libertad. Con razón pudieron decir nuestros obispos, hace casi 23 años: “Creemos que nos hallamos ante una sociedad moralmente enferma” (CEE, Instrucción Pastoral La verdad os hará libres, 1990, n. 4). La sucesión de experiencias decepcionantes, el desengaño de grupos y personas, favorecen una reacción pesimista. “Es comprensible que, ante la acumulación de sacrificios y problemas, algunos se sientan tentados de abandonar el espíritu de superación y de sucumbir al pesimismo” (CEE, Declaración ante la crisis moral y económica, noviembre 2009, n. 13). Pero nuestra fe católica sirve de eficaz antídoto contra el derrotismo, “queremos transmitir una palabra de aliento y de esperanza.” (CEE, Declaración ante la crisis moral y económica, noviembre 2009, n. 1). En continuidad con su anterior petición de evitar “La desesperanza. Para muchos cristianos, la desesperanza es una verdadera tentación, una auténtica amenaza. Es cierto que hay muchas dificultades, en la Iglesia y en el mundo (…) Pero también es cierto que Dios nos ama irrevocablemente; que Jesús nos ha prometido su presencia y su asistencia hasta el fin del mundo; que Dios, en su providencia, de los males saca bienes para sus hijos. La Iglesia y la salvación del mundo no son obra nuestra, sino empresa de Dios” (CEE, Instrucción pastoral Orientaciones morales ante la actual situación de España (2006) n. 24). “No tenemos una visión pesimista del momento que vivimos. Ni la fe ni un Juicio objetivo de las cosas nos permitirían esa visión” (CEE Instrucción Pastoral La verdad os hará libres, 1990, n. 4). Sí, ante los problemas de las personas, la fe es una luz muy poderosa. Nuestra fe tiene el remedio, que es sencillamente el cambio de cada uno, la conversión: “invitamos, en definitiva a la conversión, es decir, a apartarse de los ídolos de la ambición egoísta y de la codicia que corrompen la vida de las personas y de los pueblos, y a acercarse a la libertad espiritual que permite querer el bien y la justicia, aun a costa de su aparente inutilidad material inmediata. No será posible salir bien y duraderamente de la crisis sin hombres rectos, si no nos convertimos de corazón a Dios.” (CEE, Declaración ante la crisis moral y económica, noviembre 2009, n. 7). Lo había enseñado Pablo VI: “No hay humanidad nueva, si no hay hombres nuevos con la novedad del Bautismo y de la vida según el Evangelio” (Exhortación Evangelii Nuntiandi (1975) n.18). La respuesta es personal e intransferible.
-Francisco Escámez-
