Contundencia facial
A veces la verdad duele. Preferimos seguir viviendo sin saber o incluso pretendiendo que no conocemos las circunstancias que cambian el equilibrio de la burbuja de ingravidez en la que queremos flotar, sin que ninguna circunstancia desagradable altere la arquitectura interior de nuestra propia mentira. Pero del mismo modo que buena parte de la sociedad se arrepiente ahora de haber mantenido un cierto nivel de desinterés y tolerancia por los usos y abusos financieros y de gestión que nos han arrastrado a esta ruina generalizada, llegará el día en que la sociedad se lamente por no haber reaccionado ante el empleo de la demagogia como herramienta habitual de trabajo de partidos políticos y sindicatos. Lo digo ahora que la izquierda almeriense quiere articular una “respuesta contundente” a las recientes declaraciones de cargos del PP diciendo que no hay dinero para el soterramiento. La verdad puede ser también inoportuna, pero no por ello es menos verdad. Así que todas las voces aparentemente indignadas por la falta de recursos para la obra (que llevamos esperando desde muchísimo antes de que entrase a gobernar el PP) saben perfectamente que la verdad es que no hay un duro. Pero les da igual. La descarnada sinceridad del PP está sirviendo para articular un festival de desvergüenza y desmemoria que más de uno quisiera haber visto cuando la Junta de Andalucía aparcó por falta de fondos la autovía del Almanzora, la Facultad de Medicina, el Ayuntamiento o el tranvía. Si los que tanto silencio guardaron entonces quieren dar ahora una respuesta contundente, bastará con que empleen sus berroqueñas caras. Pocas cosas son tan duras.

