Crecer, sí… pero cómo y con qué dinero
Al menos en algo está todo el mundo de acuerdo en la Unión Europea: el crecimiento es bueno; Europa necesita crecimiento económico; el crecimiento será el resultado y no la condición previa a la consolidación fiscal; hay que lograr un crecimiento sostenible y no uno que dure tres telediarios…
Vale, con respecto a hace dos o tres meses, Merkel utiliza de vez en cuando la palabra Wachstum. Algo es algo. Pero lo que entiende la canciller por crecimiento no es lo mismo que lo que se entiende en España, o en Francia, o en la sede del Banco Central Europeo. Merkel y Mario Draghi, por ejemplo, opinan que el crecimiento es el hijo de las reformas estructurales como, por ejemplo, la reforma del mercado del trabajo, pero se niegan a que el crecimiento suponga llevarse la mano a la billetera. También ayer Luis de Guindos y su colega alemán, Wolfgang Schäuble, hablaban en Santiago de Compostela de los ajustes como condición sine qua non para alcanzar el crecimiento. Para Hollande, crecimiento significa poner en marcha proyectos concretos, como infraestructuras, reforzar con más dinero el Banco Europeo de Inversiones (esa Bella Durmiente que espera que alguien la bese en los labios y le llene los bolsillos para reanimarse), introducir en Europa el Impuesto de Transacciones Financieras, que lograría nuevos ingresos en las finanzas nacionales, y utilizar de una vez por todas esos fondos estructurales de la Unión que también se encuentran en estado de barbecho.
Se trata, básicamente, de saber si puede haber crecimiento sin dinero o de la manera clásica, o sea, invirtiendo y gastando. Y de saber también si y cuándo Bruselas va a salir de su letargo y va a explicarnos a todos qué cantidad de Fondos Europeos están disponibles. Resulta realmente escandaloso que ni siquiera los funcionarios comunitarios sepan a ciencia cierta de qué sumas estamos hablando y qué podemos hacer con ellas y dónde.
Merkel y sus ‘novios’
En todo caso, desde Berlín la receta es la misma. Primero hay que tragarse el jarabe amargo, los ajustes y aprobar el Pacto Fiscal como un solo hombre y luego ya hablaremos de crecer. Schäuble insiste una y otra vez: “Los tratados que se firman se respetan. No es de recibo hacerlos depender de unas elecciones”. Claro que habría que recordarles a los alemanes que ellos también se saltan los acuerdos y directivas europeas cuando quieren o que los modifican cuando les conviene (caso Schengen, caso acumulación de datos informáticos de ciudadanos para prevenir ataques terroristas en la UE, caso participación estatal en la Volkswagen). Se sienten bajo presión ante la más que probable victoria de Hollande en París y por eso ahora le están mandando mensajes del estilo “tú eres un gran europeísta y no nos puedes hacer esto”.
Paralelo al estado de nerviosismo que provoca un cambio en el Elíseo, resulta curioso contemplar los esfuerzos de algunos gobiernos del sur de Europa para congraciarse con Merkel y hacerle ver que un eje Berlín- Roma o Berlín- Madrid le saldría mucho más a cuento que el tándem franco-alemán que ahora podría atravesar unas ciertas turbulencias. Mario Monti, según el diario La Repubblica, habría propuesto a Merkel ratificar el mismo día y a la misma hora el Pacto Fiscal, y se ofrece además a darle unas cuantas lecciones sobre las bondades de los eurobonos. Y en Moncloa, según contaba El Confidencial el domingo, también le están tirando los tejos a la canciller para convencerle de que somos más merkelianos que ella misma. Tarea ésta con la que podría inaugurar su agenda el recién llegado nuevo embajador en Berlín, Pablo García Berdoy.
Los asesores europeos de la canciller, no obstante, son perros viejos que han visto demasiadas cosas por los pasillos de Bruselas y de otras capitales europeas. La cortesía diplomática obliga a alabar los esfuerzos de los socios que lo están pasando mal. Pero no siempre se tiene más en cuenta al socio más dócil, sino a aquel que pone sobre la mesa medidas más imaginativas, no demasiado contaminadas por sus propios intereses nacionales, y que permiten sacar al conjunto de la Unión adelante con la sensación de que nadie se ha salido con la suya al cien por cien pero que nadie tampoco se ha visto humillado o dejado de lado.
Si se trata de luchar por el crecimiento, que se haga a conciencia y sabiendo que hay cosas que nunca son gratis. Y teniendo muy en cuenta las conclusiones del estudio que ayer dio a conocer la Organización Mundial del Trabajo: los paquetes de ahorro y recortes pueden ahogar cualquier crecimiento por sus “destructivos efectos” en la población activa. “La estrategia del ahorro y de la desregulación -se lee en el informe de Raymond Torres- debería conducir a un mayor crecimiento, pero esto no se está produciendo, con el riesgo añadido de que se pueden ver pronto revueltas en las calles”.
-Aurora Mínguez-
