‘Crisis’.- De profesión, buscador de empleo.
Ejerce una profesión sin vocación. En este momento, su trabajo consiste en buscar trabajo. Todos los días. Tiene jornadas de 12 horas. Y cada día le cuesta el dinero salir a trabajar. “Sólo en fotocopias, 3 o 4 euros diarios”, explica. Luego están la gasolina y el teléfono móvil con tarifa de datos, “por el GPS, que lo necesito para poder moverme por la ciudad. Eso son 40 euros más al mes”. Y además de todo eso, tiene que comer, pagar un alquiler, vestirse…
Mari Carmen Miranda González tiene 20 años y es una de las casi cinco millones de personas que no tienen en este momento empleo en España. Como la mayor parte de ellas, hace lo que tiene que hacer, patearse las calles de su ciudad y de otras, sin demasiadas esperanzas de que su situación cambie en un plazo breve. “Ayer -explicaba hace unos días a ELMUNDO.es- entregué en cuatro horas 58 currículos en la Alameda”, una zona plagada de bares y cafeterías en el centro de Sevilla.
Mari Carmen Empezó a trabajar a los 18 años y hasta hace unos meses no le ha faltado trabajo. “Afortunadamente, mi madre es una hormiguita y me lo guardó todo. Y ahora vivo tirando de lo poco que he podido ahorrar desde que empecé a trabajar”, explica. Vive de alquiler en casa de una amiga. Le paga 150 euros al mes por una habitación. “Sé que es un chollo”, explica. Pero también sabe que en unos meses ese chollo se le acabará.
Cada día sale a la calle sobre las 10 o 10.30 de la mañana para repartir copias de su vida impresa en la carilla de un folio. Lo actualiza cada poco tiempo para incorporar cada experiencia laboral nueva o cada curso de formación que imparte. Hace ya algún tiempo que no lo modifica. Terminó la ESO en 2009 y ha realizado un curso de Operaciones Básicas de Restaurante y Bar, con sus correspondientes prácticas. Además, tiene conocimientos de informática avanzada, prevención de riesgos laborales y básicos de inglés. Ha sido monitora en autobuses escolares, camarera en bares, restaurantes y hoteles, tiene carné de conducir, vehículo propio y está dispuesta a irse en un tris a donde haga falta con tal de trabajar.
Currículos diferentes
En su día a día, se ha recorrido ya Espartinas, donde vive de momento, Tomares, Gines, Castilleja de la Cuesta, Sevilla… Ella es de Escacena del Campo, en Huelva. Y ha trabajado en Punta Umbría, también en Paterna del Campo, La Antilla (Lepe)… Tiene dos currículos diferentes, uno con su domicilio familiar en Huelva y otro con el de Espartinas, que entrega según donde esté pidiendo una oportunidad para trabajar. “Me interesa más Sevilla, porque se paga mejor que en Huelva”, explica Mari Carmen. “Pero cogeré lo primero que salga”.
En algunos establecimientos ni siquiera se lo quieren recoger. Con mejores o peores modos, le dicen que no hay trabajo prácticamente para los que aún están trabajando, así que cómo va a haberlo para ella. Otras veces le cogen el currículo con una sonrisa cómplice. “Yo se lo daré a la encargada, pero aquí estamos en un ERE que van a echar a 150 personas”, le explican en una cafetería donde acaba de dejar su currículo. “En algunos sitios, en cuanto te das la vuelta oyes cómo lo rompen a tus espaldas”, explica Mari Carmen.
En cualquier caso, ella no se separa de ellos. Los lleva consigo en una carpeta de plástico transparente allí a donde va y deja unos pocos en el coche. Por si acaso. En su último trabajo, un mes y medio como comercial de una empresa de suministro de energía, le llamaron la atención por ello. “¿Acaso no estás contenta con este trabajo?”, le preguntaron. “Y la verdad es que no estaba a gusto; tenía la sensación de estar engañando a la gente”. Ahora no tiene ya ni eso.
Buscar por Internet
Mari Carmen regresa a su casa al mediodía para comer y se dedica, hasta las cuatro de la tarde, cuando vuelve a salir a la calle a seguir buscando trabajo, a enviar currículos por Internet. “Me ha salido un trabajo de panadera en Alemania”, cuenta la joven. “Para trabajar fuera siempre sale alguna cosilla. Mi problema es el idioma. Yo sé el inglés básico de restaurante, el que aprendí con los guiris en el hotel de Huelva en el que estuve trabajando. Quiero apuntarme a una academia… pero esto también cuesta dinero. También quise hacer un curso de maître, pero costaba 2.000 euros. Es la pescadilla que se muerde la cola”, concluye.
Se da de plazo un par de meses más. A lo sumo, tres. Ése es su horizonte. “No puedo estar toda la vida así; se me están acabando los ahorros. Si en febrero no me ha salido nada, me voy a Argentina. Me dará mucha pena por la familia, por mis sobrinos… Pero sé que no hay otra opción”.
“Es algo psicológico. En algunos momentos, llegas a pensar que eres una inútil por no encontrar un trabajo”, dice muy seria. Su familia está dispuesta a seguir manteniéndola, pero ella reclama su independencia y se resiste a volver al domicilio familiar. Su padre es autónomo. Tiene un taller mecánico. Y su hermano trabaja con el padre. La madre de Mari Carmen es pensionista desde los 32 años por culpa de una lesión en la espalda. “Nunca ha faltado un sueldo en casa”, cuenta. “Pero la crisis afecta a todos. Mi padre por las tardes cierra el taller y se dedica a ir a buscar a los clientes para intentar cobrar lo que le deben”.
Timadores profesionales
Pese a todo, Mari Carmen no se desespera. “En el fondo, yo sólo llevo un mes buscando trabajo en serio”, reconoce. Hay gente que lleva un año o dos… O más. “Soy muy joven y sé que aún me tienen que dar muchos palos en la vida”, se resigna. “En muchos trabajos no te quieren dar de alta. Y en la hostelería ya me dirás, que te puedes cortar, te puedes quemar…”. Cuenta que en Paterna entró a trabajar en un hostal de carretera como camarera del restaurante por seis euros la hora y terminó, además, haciendo de limpiadora y de cocinera. “Cada vez me exigían más”.
No fue ésta la única vez que se sintió estafada en su búsqueda de un trabajo. “Yo creo que eran timadores profesionales. Me ofrecían prepararme para unas oposiciones, que sólo eran siete temas y que iba a colocarme como funcionaria, todo muy bonito… Luego cuando llegan los manuales ya no son siete temas, sino 18. Bueno, da igual, se estudian… Pagas 145 euros al mes. Y luego te enteras que no se van a convocar oposiciones al menos hasta 2015. Yo dejé de pagar, lo normal es que la empresa te llame para preguntar por qué no pagas, ¿no? Pues nada, nadie sabe qué ha sido de esa empresa”. A ella, la broma le costó más de 2.000 euros.
Mari Carmen muda su rostro serio en una sonrisa profunda y recuerda algunas anécdotas que le han ocurrido durante su tarea de búsqueda de trabajo. “A veces me quedo sin batería en el móvil y me cuesta localizar el coche sin el GPS”, aparcado, tal vez, a primera hora de la mañana para ir a visitar a sus posibles contratadores. O cuando la llaman de un número desconocido… “El corazón me da un vuelco cada vez que suena el teléfono. Y a lo mejor es una compañía de telefonía ofreciéndome una tarifa nueva”. En esos casos, cuelga, y sigue esperando, paciente, que se produzca una llamada, que hasta ahora no se ha producido.
