De la mujer barbuda a la coleta
El Real Madrid, otra vez campeón de Europa. Creo que ha sido lo único previsible este fin de semana en el viejo continente, sobre todo después de ver los resultados electorales que abren la puerta del Parlamento Europeo a los extremismos más inquietantes. Ya hubo una señal profética de que algo raro pasaba cuando el festival de Eurovisión –en el que una vez triunfó nuestra inolvidable Salomé- lo ganaba una mujer barbuda. Aquello, más que un fallo del jurado, era el signo del apocalipsis que se avecinaba. Naturalmente, en España se ha saludado con mucha más preocupación el ascenso de la extrema derecha en otros países que el subidón de la extrema izquierda en el nuestro. Discúlpenme el localismo, pero creo que deberíamos mirarnos un poco más estas cosas, porque si apañados están en Francia con los eurodiputados que van a mandar a Bruselas, ni les cuento con las diez o doce perlas que hemos facturado nosotros para que descubran la rentable paradoja de cobrar espléndidamente del sistema al que aspiran a destruir. Y si me preguntan por las razones del florecimiento del extremismo radical de izquierda en España, no esperen que acuda al discurso prefabricado de la indignación y la rabia y todo eso. La crecida se debe, entre otras cosas, a que desde el entorno del PSOE se pensó que había que potenciar moral, editorial y mediáticamente a los antisistema, pensando que eso iba en contra del gobierno del PP y sólo contra el gobierno del PP. Grave error. Ahí están los antisistema y ahí está alguna candidata almeriense devolviendo el billete a Bruselas. La movilización que han agitado ha alcanzado una subida inesperada que, probablemente, sufrirá un duro choque de realidad cuando se vea que no es lo mismo estar tras una pancarta que en un escaño. Pero de momento van a ir muy sobrados. Tan sobrados como los que sacan músculo cuando las finales están ya ganadas.

-José Fernández-
