Día del Pendón, Día de Almería
La Sierva de Dios, Isabel la Católica, camino de los altares.
CADA 26 de diciembre, invernal festividad del Protomártir San Esteban, patrón del Cuerpo de la Policía Local de Almería, a quienes felicitamos por su loable y plausible actividad de servicio público a la ciudadanía, la milenaria e indaliana capital almeriense este año se viste de día festivo local para celebrar con solemnidad barroca el 534 aniversario de la Reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos.
El señero y vetusto “Día del Pendón”, llevándose a puro y debido efecto un ritual cívico-religioso con la tremolación del sacro estandarte por el cabildo municipal desde el balcón principal de la Casa Consistorial, tras recibir de antaño por el cabildo de canónigos un Te Deum de acción de gracias en la Santa y Apostólica Iglesia Catedral Fortaleza de Nuestra Señora de la Encarnación.
Festividad, a pesar de las tribulaciones de distinta índole de carácter político, sobre todo por su falta de apoyo, cuestión esta que no ocurre en otras localidades almerienses y no almerienses con las tradicionales fiestas de moros y cristianos, que cada año sus alcaldes/as y ediles intentan fomentar y potenciar una parte de la historiografía, sin más interés social que recuperar con sentido de respeto intercultural un hecho histórico que forma parte de nuestra ancestral cultura humanística y, especialmente, cristiana.
Desde hace 45 años, aunque de una forma informal, siempre ha tenido este prosístico y poético acto de la tremolación el apoyo incondicional de Cofradías y Hermandades y otras asociaciones del tejido cívico social almeriense, asistiendo de forma habitual a los actos que integran esta efemérides desde rezo de maitines del alba hasta la hora nona en la metafórica puesta del Sol de Villalán ” conocido como “Sol de Portocarrero”.
Pero sí hay un elemento, que siempre era noticia mediática junto a la propia celebración del Día del Pendón, era el panegírico que exhortaba algún clérigo durante la Misa Pontifical, hoy simplemente, una Eucarística de Acción de Gracias, siendo renombrados por diversos motivos de sociabilidad y socialización religiosa, de evangelización, los pronunciados por el canónigo archivero Juan López Martín, el canónigo arcediano Lucas Ramos Estrada o el canónigo Bartolomé Marín Fernández, q.e.p.d., y durante los años de episcopado de Monseñor Adolfo González Montes, el propio Obispo, entre otros, quienes con su sapiencia y sabiduría sabían emocionar y elevar los sentimientos a los fieles y autoridades asistentes con sus evangélicas palabras bendecidas por el paráclito Espíritu Santo.
También, en los últimos años, parte de la corporación municipal adscrita al sector llamado “progresista”, de izquierdas, abandonaba el cortejo durante la celebración de la Santa Misa para evitar escuchar la homilía, evitando escuchar de la voz del sacerdote discernimientos pastorales, ajustados al Evangelio y a la Tradición Patrística, de elevada influencia verbal en la vida social de la comunidad vecinal.
Importantes homilías, que entre otras temas pastorales se planteaban a la feligresía diocesana, impulsar la canonización de la Sierva de Dios, la reina Isabel de Castilla, que entregó su vida a Dios, buscando extender la fe Católica. Reiterando en los sermones las virtudes conocidas y veneradas por todo el mundo de santidad política y caridad de la reina más grande de la historia de España, cuya vida de piedad es hoy ejemplo para todos los creyentes.
En Almería desde que se celebró con gran éxito de apostolado el 500 aniversario de la reevangelización de la diócesis de Almería se ha aumentado con creces la devoción popular a la Sierva de Dios, Isabel la Católica, al conocerse de manera más profunda aquellos elementos de la vida de la monarca que revelan su santidad.
La Causa de Beatificación de la reina Isabel I de Castilla, la Católica, se inició en 1958 en la Archidiócesis de Valladolid, España, siguiendo las normas de la Iglesia católica, que indican que estas causas deben iniciarse en la diócesis donde se produjo el fallecimiento.
Este proceso puede causar perplejidad en quienes dan crédito a una densa leyenda negra, que no resiste una crítica seria, y que ha condicionado durante mucho tiempo cualquier referencia a la reina Isabel. No obstante, la idea de su beatificación surge espontánea en quienes, además de conocer los tópicos de siempre, bebieron en las fuentes documentales de la época. La causa está suficientemente avalada por su vida de fe, su compromiso con Dios y con el prójimo, su austeridad, su afán evangelizador y su lucha por los derechos humanos.
La Causa concluyó su fase diocesana en 1972 y fue trasladada a Roma para su estudio por la Congregación para la Causa de los Santos. Después de haber aprobado el examen de los historiadores, con buena nota, aún no ha tenido lugar el decisivo dictamen de la Comisión Teológica, que ha sido pospuesto “para un mayor estudio y reflexión”. Si es favorable, su dictamen pasaría a la Congregación de Cardenales y Prelados, que informaría al Papa, para su decisión final, sobre la heroicidad de las virtudes y la declaración oficial de Venerable.
La Causa figura en la página 82 del Index ac Status Causarum (Ciudad del Vaticano, 1988): Elisabeth I, Regina Castellae (Madrigal 1451-Medina del Campo 1504), Vallisoletanum. Decr. S. Scriptis 30 Mar 1974, Deput. Relator. 1985., Post. Anastasio Gutierrez. Prot. 1170. Ach. E 31.
Rafael Leopoldo Aguilera Martínez
