Dimitió F.F.
Algo es algo, dimitió Francisco Fernández, a partir de ahora FF porque no merece mucho más espacio en estas escuetas líneas, aunque FF sea el Secretario General, ya ex, de la muy poderosa federación andaluza de la UGT que comanda a nivel nacional el perpetuo Cándido Méndez, compañero en cuerpo, alma y mariscos del citado FF.
Me achacan algunos amigos míos que no soy diplomático, absolutamente nada, a la hora de escribir y criticar a diestra y siniestra a los que engullan mis dineros y los de usted en forma y manera de blancas gambas o rojos bogavantes, y la verdad es que llevan muchísima razón porque nunca estudié diplomacia, sino que toda mi envergadura intelectual, mucha o poca, siempre fue encaminada, como buen maestro escuela, a dejar claro, pero que muy claro, el teorema de Pitágoras y las cuatro verdades del barquero, verdades que nunca he llegado a saber las que son.
FF dimite por el bendito periodismo de investigación, ese que no entiende de derechas o izquierdas, sino aquel que va repartiendo leña de la buena al que ose vivir demasiado bien a costa de lo nuestro, ya saben, de los míseros euros que, en forma de impuestos, endiñamos a nuestro protector papá Gobierno, sea éste central o feudal, porque la verdad, con perdón, sea dicha abonamos a centralistas y periféricos para que vivan en esa nube desconocida a la que llaman vidorra.
Ha dimitido el señor FF avergonzado por el comportamiento de los suyos, que no nuestros, que elevaron a categoría de mariscos los dineros que la Junta de Andalucía -alegre ella como nadie, ole el Rocío, Chaves, Griñán, Susana y la Feria de abril- recaudaba de los depauperados bolsillos de nosotros los andaluces.
Pero la “cosa” -derroche y rapiña- de algunos liberados sindicalistas ugetistas no puede quedar en una simplona dimisión, hay que ir a más: a ser posible a su entrada en chirona con buenas dosis de bicarbonato y omeprazol, y junto a ellos los “generosos” gerifaltes de la Junta: presidentes, consejeros y acólitos de los mismos que, sin ton ni son, endiñaban nuestros contados euros a tantos borrachines y vividores del dinero público, dinero que Carmencita Calvo, ministra de ZP, decía que no era de nadie.
No mucha, pero sí la suficiente Justicia para poner a cada uno o una en el sitio que se merece. Tan sólo eso: justicia.
-José García Pérez-
