El lío de Rajoy
Hablando con propiedad, el lío que tiene Rajoy, según su propia confesión, es el mismo lío que tenemos la mayoría de los españoles. Es decir, cómo salir de ésta. Pero hay que comprender al presidente del Gobierno. A su lío personal se añade el de sus representados, por lo que es un lío fenomenal.
Pensemos, sin embargo, donde está realmente el problema para Rajoy. En lo político, muy poco. Sus ministros se han lanzado ávida y diligentemente a un programa de reformas que no puede sorprender a nadie (pues estaba en todos los papeles del PP) pero que demuestra una ambiciosa y frenética actividad. Educación, Justicia, Sanidad… hasta la recuperación del objetivo del Plan Hidrológico Nacional, pasando por Aborto, Poder Judicial, energías renovables, Administraciones Públicas, etcétera.
Muchas y nuevas propuestas que poco sorprenden, salvo el hecho de que entre todas configuran la antítesis del extravagante zapaterismo. Nada de esto causa el menor lío. ¿Dónde está éste? En la diabólica situación económica y en el cinturón de hierro sobre España que es el paro.
Aunque Rajoy se suelte mucho con los micrófonos indiscretos, la realidad es que no está empeorando, sino todo lo contrario, la imagen de España en el exterior. Pero ahí, como en el interior de España, su crédito durará lo que tarde en encontrar resultados positivos para nuestra situación económica y nuestro empleo.
Hay síntomas de una cierta relajación de los mercados ante el nuevo Gobierno. Coloca mejor nuestra deuda y baja la prima de riesgo. Pero ni España, ni la Europa de la que dependemos, termina por aclararse sobre el nudo gordiano de esta historia: la capacidad de impulsar una reactivación económica que genere crecimiento y empleo. Pues, como está más que suficientemente diagnosticado, sólo con el equilibrio presupuestario, con el control de la deuda y con la austeridad no salimos de ésta. Ni siquiera lo haremos a corto plazo con reformas laborales o financieras.
Si hiciéramos una comparación etológica, es cierto que hace falta adelgazar al animal grasiento (déficit) para que tenga agilidad. Pero hay que darle alimentos para que tenga fuerzas para cazar (empleo). Y esto, en el sentido más puramente rajoyano, es un lío, puesto que el animal delgado (cuentas austeras) corre lo justo, porque no le apetece nada, y el que se alimenta contrae una deuda de obesidad.
Se vislumbran las salidas, sin embargo, pero no con la urgencia que se le exige a Rajoy. Por eso está preocupado, y teme una huelga antes de tiempo, aunque los sindicatos se hagan los sorprendidos. Y teme que se desboque la impaciencia del pueblo español, porque sabe que tiene por delante un año en el que la recuperación va a brillar por su ausencia. Y si termina el año con seis millones de parados, le van a poner la cara muy colorada, sea ello justo o injusto.
Sin embargo, aún cuenta con bazas. Algo de dinero europeo, la complicidad de los grandes bancos y, por qué no decirlo, una gran mayoría de votantes que se resisten a dar su brazo a torcer y confían aún en quien votaron hace un par de meses. Y, entre todas esas bazas, la satisfacción entre los suyos de que está cumpliendo con determinación las promesas factibles, que son las del campo de lo político.
Estamos a punto de ver cuál es la reforma laboral de Rajoy. Ya sabemos los pasos para el saneamiento financiero. Se ha aprobado el control del déficit autonómico. Se han dado pasos para racionalizar el gasto en España. Y se han sentado bases de diálogo con los nacionalistas (Urkullu y, ayer, Artur Mas) que aparecen algo menos furibundos que antaño.
No está todo perdido, por tanto, pero no se ha recuperado la confianza todavía. Nadie emplea a nadie, entre otras cosas porque no sabe si le convendrá hacerlo después de la reforma. Nadie compra nada, por si todavía baja más, y todos tienen miedo a todo, que es lo único que registra inflación.
Un lío, en efecto. Un laberinto. Pero, para salir de él, como el mito explica muy bien, hace falta seguir un hilo afortunado (de Ariadna, de Merkel o de quien prefiera), y a alguien con un par que plante cara al minotauro. Es decir, habilidad y liderazgo. Pues seguro que si Teseo hubiera tenido un micrófono indiscreto delante se le hubiera oído decir que estaba en un lío, casi como el de Rajoy.
-José Antonio Sentís-
