EL MUNDO.- Alonso reina en el caos
Fernando Alonso no sabía dónde aparcar su exhausto Ferrari al terminar la carrera. No es ninguna suposición sino la afirmación aún incrédula del piloto asturiano, sudoroso aún en la ceremonia de coronación de Sepang. Coronación sorpresa tras una caótica aventura en Sepang, que de paso, le eleva a lo más alto de la clasificación del Mundial. Sobreviviendo al clásico diluvio universal malayo, a la infatigable persecución del eléctrico Sergio Pérez, cuyo Sauber sacó los colores al Ferrari durante 20 vueltas de infarto y, sobre todo, a su propio destino. El que marca un ‘F2012’ aún con la licencia de obras, demasiado lejos de casi todo, como bien ilustró Felipe Massa (15º). La confirmación de que en Malasia, donde todo comenzó para él con aquella ‘pole’ y primer podio en 2003, Alonso tiene licencia para soñar. [Narración] [Imágenes]
Y es que Fernando Alonso se topó sin querer con la carrera perfecta. Esa que todo piloto dibuja en su cabeza antes de que el semáforo se apague. Una buena arrancada bajo la lluvia le situaba a la estela de los teóricamente inalcanzables McLaren, con Mark Webber y Sergio Pérez, la sorpresa de la jornada, garabateando su quinta posición provisional. Brillante escenario que el esperado aguacero malayo interrumpía en la novena vuelta. Bandera roja en pista ante la imposibilidad de seguir navegando sobre un asfalto imposible.
Casi 50 minutos de tensión, paseos e incertidumbre por el ‘pit lane’. Con la mirada amenazante de unos nubarrones que terminarían siendo un aliado inesperado para el bicampeón español. Reanudación tras el coche de seguridad en la que Alonso daba su primer zarpazo dejando por el camino a un Mark Webber siempre discreto cuando se la situación requiere algo de chispa. Una jugada maestra antes de asestar en los ‘boxes’ uno de sus primeros golpes de la tarde.
Porque un giro más tarde, en el 15º, el asturiano visitaba su garaje para poner gomas intermedias en una parada de vértigo con la que se quitaba también de en medio a Lewis Hamilton, que no pudo regresar a pista a su tiempo ante la procesión de bólidos en busca del nuevo calzado. En su vuelta a la pista se encontraba con la desaparición de Jenson Button, el otro amenazante McLaren, que abandonaba la lucha tras destrozar su alerón delantero con el HRT de Narain Karthikeyan.
Sólo la sombra del inesperado Sergio Pérez le apartaba de la cabeza pero el Sauber terminaría deponiendo las armas en el primer duelo serio, sólo unas curvas después. En sólo dos vueltas, tras una caótica reanudación de carrera, Alonso tomaba el mando provisional, que sería definitivo. Y eso que el mexicano le apretó las clavijas pese al arreón inicial del Ferrari. Pasada la euforia inicial, se inició la sangría del rebelde ‘F2012’, que mostró sus carencias frente al Sauber según se iba secando la pista. Momentos de zozobra en los que la distancia quedó a tiro de DRS y la victoria pendiente del mínimo detalle.
Un movimiento de precisión
Y ese detalle fue la oportuna decisión de Fernando Alonso de calzarse las gomas lisas. Jaque casi mate a la carrera con un movimiento de precisión en la vuelta 40 donde los mecánicos ferraristas rozaron la perfección. Las suelas blandas pararon el golpe momentáneamente hasta que Sergio Pérez, también con calzado nuevo, volvió a sacar los colores al Ferrari. Cada milímetro de asfalto era un drama para Alonso que veía cómo el Sauber devoraba cada décima sin despeinarse.
Situación límite a una persecución terminal que los nervios de ‘Checo’ Pérez, inexperto en batallas de semejante tamaño, no pudieron sostener. El mexicano se salía de la pista a falta de seis vueltas y Fernando Alonso, cuyos retrovisores echaban humo, respiró tranquilo. La victoria, la primera desde la lograda en Silverstone el pasado verano, tomaba cuerpo. El sueño con el que nunca pensó soñar a lomos de un gris Ferrari. “Cuando estaba aparcando no sabía dónde porque no creía que iba primero”, reconocía. Coronación sorpresa que le sitúa al frente del Mundial por primera vez desde aquel triste GP Abu Dhabi 2010 en el que el título se le escapó de las manos.
Los acordes del himno español y el alegre son italiano, en lo más alto del podio de Sepang, junto al chaval Sergio Pérez, quién sabe si su próximo socio en la ‘Scuderia’, y un chamuscado Lewis Hamilton, que volvía a perder la ventaja de la pole por segunda carrera consecutiva, le confirmaban que todo era real. Sin la pesadilla de un Sebastian Vettel (11º), enmarañado en una de sus peores aventuras en el campeonato que recuerda.
Aunque la mejor noticia para Alonso puede que sea el parón de dos semanas hasta Shanghai. Porque la realidad de su ‘F2012’ está muy lejos del primer puesto del podio y tendrán que ponerse manos a la obra en Maranello para que la gesta de Sepang no termine siendo una feliz anécdota del campeonato.
