El niño bonito y su justicia para ricos
“En una democracia no existiría Ministerio de Justicia, pues ésta requiere de división de poderes, y Gallardón hace tiempo hubiera sido arrojado a las profundidades averno”
Pues ya lo saben. Alberto Ruiz-Gallardón, derrochador mayor del Reino, ha decidido que, a partir de ahora, la clase media tenga muy complicado el acceso a la Justicia. Amparándose en la bobalicona excusa de unos supuestos abusos, que en una democracia no serían jamás tal pues el ciudadano no abusa cuando, en lugar de tomarse la Justicia por su mano, delega en la institución del gobierno encargada de ello (máxime cuando el Derecho contempla la posibilidad de sancionar la temeridad y también la inadmisión a trámite de las demandas), ha decidido imponer unas tasas usureras que, de facto, harán muy difícil a la casi exhausta clase media, acudir a los tribunales. Todo ello mientras la Administración Pública, que ya colecciona más privilegios que en tiempos de la dictadura, se blinda contra los ciudadanos.
Ya no es que el recurso de una multa de 100 euros, de esas que tanto gustan al saqueador Alberto Ruiz-Gallardón, vaya a costar 200 euros, lo que de por sí, además de inconstitucional, si es que la Constitución aún vale algo, es absolutamente indecente. Lo de recurrir, al precio que lo ha puesto Gallardón, no se lo va a plantear nadie. Adiós a la segunda instancia.
Es que las víctimas de delitos cometidos por menores inimputables, a quienes ese mismo político, de la mano de Javier Urra y la infame Ley del Menor, tan sólo dejó la posibilidad de obtener un mínimo de resarcimiento por la vía civil, tendrán que pagar por ello. Que le diga Gallardón a las madres de las futuras Martas del Castillo que cuando pidan responsabilidad civil a los futuros Cucos (y cada vez hay más delitos cometidos por menores) tendrán que pagar una tasa abusiva + el 0,5% de la indemnización que pidan al criminal. Se conceda o no se conceda. Se ejecute o no se ejecute. Gallardón a cobrar. Mayor amoralidad no cabe.
Que le diga Gallardón a la víctima de un accidente de tráfico que ha tenido la desgracia de quedarse parapléjica que él y su pandilla se llevarán parte de la indemnización que le corresponde, y eso que son bajas de por sí, para seguir manteniendo a su pléyade de asesores. Para garantizar la continuidad de las oligarquías. Esas para las cuales Alberto Ruiz-Gallardón, tan bien valorado por la presunta izquierda, es su niño bonito.
Que le diga Gallardón al ama de casa maltratada por su marido, valga como ejemplo, que a partir de ahora no se podrá divorciar de su maltratador porque hacerlo, le costará otra barbaridad más el 0.5% de la pensión compensatoria en su caso o de alimentos para sus hijos que pida (ojo, porque los ingresos de él aún computan en la unidad familiar). Si el matrimonio lo es en gananciales y tienen vivienda en propiedad, el divorcio costará un ojo de la cara. De esos que le sacaba él a ella a golpes y que seguirá sacándole por la gracia de Gallardón.
Claro que en una democracia no existiría Ministerio de Justicia, pues ésta requiere de división de poderes, que no de funciones. Algo cuya ausencia queda patente en el momento en que existe un Ministerio de Justicia. El ministerio, en este caso, del niño bonito. Otro que, en una democracia, hace tiempo hubiera sido arrojado a las profundidades averno.
-Almudena Negro-
