El paso vigoroso de Cristo
Los cristianos seglares, los cofrades y no cofrades, católicos íntegros, no mutilados ni mediatizados por ideas disolventes ideológicas que deprimen, que estamos en plena faena pasionista pre cuaresmal, obtienen el derecho y la obligación del apostolado por su unión con Cristo Cabeza. Ya que, insertos por el Bautismo en el Cuerpo Místico de Cristo, robustecidos por la Confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, son destinados al apostolado por el mismo Señor.
Se consagran como sacerdocio real y gente santa para ofrecer hostias espirituales por medio de todas sus obras, y para dar testimonio de Cristo en todas las partes del mundo. La caridad, que es como el alma de todo apostolado, se comunica y mantiene con los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía.
El apostolado se ejercita en la fe, en la esperanza y en la caridad que derrama el Espíritu Santo en los corazones de todos los miembros de la Iglesia, especialmente con la Iglesia local diocesana. Más aún el precepto de la caridad, que es el máximo mandamiento del Señor, urge a todos los cristianos a procurar la gloria de Dios por el advenimiento de su reino, y la vida eterna para todo el género humano: el que conozcan al único Dios verdadero y. a su enviado, Jesucristo.
Por consiguiente, se impone a todos los cristiano», a los cofrades, la dulcísima obligación de trabajar en una constante primavera espiritual para que el mensaje divino de salvación sea conocido y aceptado por todos las personas, mujeres y hombres de cualquier lugar de la tierra.
Sobre todo en nuestros días de elevadas tribulaciones de toda índole es urgente la obligación de sentirse absolutamente prójimo de cualquier otra persona y, por consiguiente, servirle activamente cuando nos sale al encuentro, recordándonos la voz de Dios: «Cuánto hiciereis a uno de estos mis mínimos hermanos, a Mí me lo hicisteis» (Mat. 25,40).
Ilumina nuestras inteligencias para que comprendamos que el cristianismo es católico y apostólico, precisamente porque se asemeja a la anchura de la mar adentro y no a la angostura de las ensenadas. Paz y Bien.
Rafael Leopoldo AGUILERA MARTÍNEZ
