El pueblo andaluz, el almeriense y el 28 F
El día 28 de febrero de 1980, es el día en el que pueblo andaluz alcanza un reconocimiento jurídico-político como sujeto individualizado en el escenario de los pueblos que configuran el Estado Español. Desde que en el siglo XIII, el reino de Castilla-León conquistara un territorio al que llamó “el Andalucía”, en ese espacio se fue configurando una nueva sociedad al auspicio de esta Corona, en el que nació un pueblo con una identidad singularizada.
Durante siete siglos fue un pueblo sin reconocimiento político, pero no por ello se puede negar su existencia natural, como grupo humano con unas características culturales comunes. Si analizamos el pasado, vemos como los almerienses de las Edades Moderna y Contemporánea, de manera continuada a lo largo de cinco siglos han reconocido que eran vecinos de Andalucía y de los andaluces. Desde Almería, sus habitantes iban y venían a Andalucía por diferentes causas: para comprar cosas que necesitaban, para trabajar, etc., y lo expresaban en tales términos “ir o venir de Andalucía por tal cual motivo”. El sentirse almerienses y no andaluces era algo natural del conjunto de la sociedad almeriense, así se expresaba toda la pirámide social, desde la gente más culta e instruida, hasta la que era totalmente analfabeta, desde lo más ricos, a los más pobres, desde conservadores, a progresistas o liberales.
La singularidad almeriense y el reconocimiento del pueblo andaluz como dos sujetos colectivos naturales que conviven pacíficamente, en armonía, cada uno en su espacio, lo observamos expresado en el colectivo de cristianos que se instalaron en Almería a partir de los siglos XV-XVI y sus descendientes. Cuando entre 1822-1833 se creó la provincia de Almería, el Decreto que lo hacía, lo realiza bajo la premisa errónea de que “la Andalucía” comprendía entre otros al reino de Granada, por lo que, al ser Almería una parte de este reino, fue considerada sin fundamento real, como una provincia de “la Andalucía” a efectos solo nominativos. Pero, a pesar de tal designación, sus habitantes siguieron sintiéndose como sus antepasados de manera singular frente a la región de Andalucía. La prensa local nos ofrece un ejemplo tres lustros después. El 31 de julio de 1847, en la “Revista literaria, científica, administrativa y mercantil, El Caridemo”, nº 18, pág. 69, aparece un artículo realizado por el redactor de la misma Mariano Esteban de Góngora, que hablaba de la actividad económica de Almería, en la que se especificaba que “Almería es país bastante escaso y pobre” en donde hay pocas industrias, manufacturas, etc. por lo que había muchas manos ociosas “siendo más la oferta que la demanda, como lo demuestra la emigración anual para la Andalucía alta y aún para otras provincias más lejanas”. Y la cita es de lo más clarificadora, un periodista, es decir, un hombre instruido y culto, nos explica décadas después de la promulgación del Decreto de creación de las provincias, que Almería es un país, del que cada año salen habitantes para ir a trabajar a la Andalucía, concretamente a la Alta.
Hay que recordar, que el pueblo andaluz, a su vez reconocía en Almería la existencia de otro pueblo natural diferente a él. La forma de denominar al territorio almeriense por parte de los andaluces fue la de “Tierra de Levante” y a sus habitantes los conocían con el gentilicio de “levantiscos”, expresión usada mucho por ellos hasta el siglo XX conjuntamente con la de almerienses.
Entre finales del siglo XIX y a lo largo del XX, el pueblo andaluz comienza la andadura para ser reconocido como sujeto político con una serie de instituciones que lo rijan y gobierne. El pueblo almeriense no realiza la misma evolución y no emprende este mismo camino. A su vez, apoyándose en la premisa errónea del concepto de la Andalucía del que se habla en Decreto de 1833 antes mencionado, esta andadura liderada por la clase política de Andalucía, se hace con cierto grado de hostilidad a los almerienses, al negarles el reconocimiento de su singularidad y su capacidad de decisión, incluyéndolos en su propio proyecto político, lo que provoco desencuentros.
La forma de conseguirlo, no estuvo exenta de dificultades e incluso de graves irregularidades que llegaron a ser inconstitucionales en algún caso, tal y como sucedió tras la celebración del referéndum celebrado el día 28 de febrero de 1980, al rechazar nuevamente Almería la iniciativa autonómica andaluza, al no conseguirse en la provincia los síes necesarios para alcanzar la cifra mínima “de mayoría del censo electoral” exigida por la Constitución Española en su artículo 151 y, resolver este problema ignorando el resultado, sustituyendo la voluntad del pueblo expresada en las urnas por una iniciativa política posterior, envolviéndola de una supuesta aura de legalidad con una norma de rango inferior que quebrantaba sin lugar a discusión el orden jurídico constitucional y el principio moral que debía de sustentar el proceso, privándolo así tristemente, de la impecable legitimidad necesaria, algo que a todas luces es inaceptable. El mismo Rey Felipe VI, el pasado 20 de febrero, en la clausura del Congreso Mundial del Derecho reconocía que “no es admisible apelar a una supuesta democracia [entendemos que ni para crear una C.A. Andaluza] por encima del Derecho, pues sin el respeto a las leyes no existe ni convivencia ni democracia, sino inseguridad, arbitrariedad y, en definitiva, quiebra de los principios morales y cívicos de la sociedad”.
Así pues, a lo largo de la historia confirmamos la existencia de dos pueblos que por su naturaleza se han reconocido mutuamente como pueblos distintos y al mismo nivel, el almeriense y el andaluz, llegando este último a conseguir un reconocimiento político para autogobernarse sin que el almeriense sufriera la misma suerte, consecuentemente, alcanzar el reconocimiento de la singularidad almeriense tal y como se ha venido haciendo durante siglos atrás, es una necesidad social para reparar el agravio histórico al que fue sometido el pueblo de Almería, un derecho natural inalienable e irrenunciable que las futuras generaciones de almerienses deberían poder ejercitar conforme se vaya produciendo una mayor maduración democrática.
Nicolau Guillem Medina
Socio de Acción por Almería
Autor del libro “Almería: de reino levantino a provincia con entidad regional
Indumentaria, costumbres y habla de un pueblo”
