El Valle de los Caídos, un símbolo espiritual y cultural
He visto el documental “El Valle de los Caídos” de Terra Ignota y cada día que pasa, tras el cambio del nombre por imperativo legal geográfico por “Valle de Cuelgamuros”, la situación de la permanencia de este monumento funerario y a la vez esperanzador de la vida eterna, es una obra cívico – religiosa maestra desde diferentes perspectivas académicas, no solo historiográfica, muy diferente al relato que se nos está imponiendo en los medios de comunicación y redes sociales por la izquierda comunista e secesionistas, ambos en contra de la unidad de España, tergiversando la verdad, al relatar hechos que son falsos y no se ajustan a la praxis deontológica ni profesional.
Si la primera parte del documental es emotiva el escuchar de la mano aquellos que realmente conocen la verdad de forma fehaciente, notoria y pública, sin sesgos ideológicos ni de creencias; la segunda parte del documental es de una sensibilidad espiritual al venir de la palabra de los monjes benedictinos de la Abadía, el prior Fray Santiago Cantera, el abad emérito Fray Anselmo y Fray José Antonio, que están sufriendo junto con toda la comunidad religiosa con mortificación pero envueltos en santidad, unas situaciones incómodas y perversas.
Los desperfectos del Valle de los Caídos cada día se agravan más, es un grave problema para su conservación en el futuro mediato, si este no es su laicista cierre gubernamental definitivo por motivos de seguridad de los visitantes de este emblemático lugar, tutelado por el Patrimonio Nacional. Llevan años buscando cómo acabar con el Valle de los Caídos. Si no de manera directa…Hablando de dinamitar la cruz. Estudiando cómo sacar a los monjes de allí. Aunque, al día de la fecha, de forma más sutil pero igual de perjudicial se está dejando “morir” los edificios que colindantes a la Basílica, dificultando que los visitantes acudan con comodidad, no facilitándose el acceso a la Cruz.
¡Declaren el Valle de los Caídos como Bien de Interés Cultural por la administración competente! Este hecho supondría una protección especial de la Cruz más grande de la cristiandad y su entorno; protección con la que actualmente no cuenta a pesar de su destacado valor arquitectónico, artístico y cultural. La defensa del Valle de los Caídos es una defensa de nuestra historia, de nuestra memoria, de la reconciliación y de nuestros antepasados. No podemos abandonarla.
Oremos por los monjes y por el Valle. Paz y Bien.
Rafael Leopoldo Aguilera Martínez
