Elija
El descontento social contra la nefanda especie política es enorme, pero los ciudadanos volverán a darles su respaldo en masa.
Todo el mundo critica a los políticos, pero la mayoría los votan. Así de dura está la cosa. Se critica sus desaciertos, se les responsabiliza de la miseria que nos corroe como sociedad y de la corrupción galopante que nos concierne, pero luego, cuando llegan las elecciones, la mayoría acude a las urnas, bien para que éstos ganen, o bien para que pierdan estos otros. Y así, claro, la cosa continúa tal y como está, y con visos de ir empeorando.
A lo mejor lo que sucede es que el votante no comprende nada de nada, o que le importa un ardite que todo se esté derrumbando. O que no quiere saber, quizás. O que los demás, los que sufren, les importan un huevo, tal vez. O que pasan de todo, y, mientras a ellos les vaya bien, que reviente el mundo y siga la fiesta. O, por fin, que su ignorancia es tal que aún no han sido capaces de colegir que a quienes hunden el barco no se les puede pedir que lo hagan navegar.
En fin, que deberían saber los votantes que se hacen cómplices necesarios de cuanto suceda y de todas las acciones de los políticos. Para empezar, se convierten en aliados pedófilos, pues que todos los partidos que han tenido alguna clase de poder no han hecho nada para proteger la infancia, no sólo legislando a su favor, sino impidiendo que las leyes pedófilas existentes —como ésa que establece la mayoría de edad sexual a los trece años— sean derogadas.
Para continuar, se suman al saqueo por expropiación existente en nuestro país, mediante el cual se desposee de sus propiedades a más de quinientas familias diariamente, en base a una ley de 1905, y además se les obliga a seguir pagando al banco por el resto de sus miserables vidas. Y para cerrar este preámbulo, se transforman en avalistas del atraco nacional que supone que se les sufrague las deudas a los bancos —a fin de que repartan beneficios—, y se cargan estos débitos sobre los ciudadanos, quienes además no recibirán de esos bancos otro apoyo que cobrarlos en sangre por hacer un apunte cualquiera en su cuenta, pero quienes sí que tendrán millonadas para pagar jubilaciones a sus directivos. No se olvide, votante, que usted al votar asume todo esto como socio… o cómplice.
Pero todo esto no es sino un entremés. Para abrir boca, como aquél que dice. Podríamos meter aquí, por supuesto, el latrocinio generalizado que han perpetrado, sembrando el país de macroobras que nos han arruinado a los ciudadanos durante décadas y han llenado mil bolsillos de comisiones. Recuerden lo de El Carmel, cuando aquello del parlamento catalán del tres por ciento o del cinco por ciento. De los parados ni hablamos, no sea que hagan otra reforma y envíen a otro millón de trabajadores a la calle. Pero tal vez sí conviene hacerlo de la sanidad, que en un par de años será privada; de la educación, que será privada también en poco tiempo —ya es privativa para muchos incluso la pública universitaria—; de la justicia ésa que es tan ágil para expropiar viviendas y tan lerda para juzgar a los corruptos políticos; o de los impuestos, sean por vía directa o por vía de multas y sanciones, tanto da, mediante los cuales se apropian de la mayor parte de los salarios de cada ciudadano no sólo para que familias enteras vivan de la política y el funcionariado de alto standing, sino para que todas esas garrapatas sigan aferrados a la ubre patria y viviendo como maharajás a todo tren. También, si vota, se hace socio necesario para que esto pueda perpetrarse con la absoluta y total impunidad con que se viene haciendo.
Si usted, como votante, cree que los que crean el problema pueden solucionarlo los políticos, hágaselo ver, y urgentemente porque está en un estado cuasi terminal. A lo mejor no le gusta que gobierne éste o aquél —tanto da si son elecciones generales o autonómicas—, pero créase que va a estar igual de jodido. También lo estará si no vota, por supuesto, pero al menos será una violación y no habrá puesto usted el culo. Ya veremos qué hacemos cuando quienes voten sean tan pocos que tengan miedo a decirlo o no haya un quorum que conceda legitimidad a los elegidos. El que elige es usted como votante: el cambio no está en el voto, porque éstos se los reparten los mismos de siempre.
Considere sólo una cosa: estamos como estamos porque ellos, los políticos, nos han puesto en esta tesitura. ¿Los va a votar?… Tal vez crea que son honrados, ¿pero no considera usted que si lo fueran vivirían ejemplarmente, y se impondrían sobrevivir con lo mismo que cobra un parado o un empleado con contrato-basura?… Pero no lo hacen, ¿verdad?… A lo mejor es que no lo son tanto. ¿O es que acaso un honrado llevaría en sus listas a imputados —fíjese bien: imputados— en delitos de corrupción?…
En fin, que si le parece a usted bien la pederastia legal, las expropiaciones de viviendas, el que engañen a los más ingenuos con preferentes, el que los banqueros se rían de nosotros y se asignen millonarias indemnizaciones, el que los ricos no paguen impuestos con la cosa ésa de las SICAVs (menos del 1% vienen a pagar), el que los políticos sean impunes a todo atraco, el que se recorten derechos civiles prácticamente a diario, el que no se invierta ni un euro en crear empleo, el que suban sin cesar los impuestos, el que nos echan encima a los grises, el que incumplan sus propios programas electorales, el que según quién sea no tengan consecuencias sus delitos, el que la sanidad sea ya un predio privado, el que la educación sea un desastre, el que la justicia sea un lo que es, el que sus señorías se descojonen de todos nosotros y que la corrupción sea ya una Institución en nuestro país, vaya y vote. Elija: o vota y se hace cómplice, o no vota y se puede considerar libre de este atraco colectivo. Si vota, luego no se queje: que lo jodan.
-Ángel Ruiz Cediel-
