En democracia, la libertad para la historia es la libertad de todos
El lunes, 6 de febrero de 2023, sobre las 18:00 horas, quedé en la plaza de la Catedral con el autor del libro “Almería bajo el terror rojo”, “Memoria y Reconciliación”, Juan Antonio Fernández Arias, para adquirirle un ejemplar, pero no pude conversar mucho con él, al ir en el vehículo y aparcando, sin entorpecer el tránsito de vehículos y personas, hicimos en un escaso minuto el canje entre el importe del mismo y el libro, dándonos la mano y despidiéndonos, indicándome que ya me avisaría para la presentación del mismo, aunque estaba encontrando muchas dificultades.
El libro de carácter historiográfico, desde la praxis científica, atendiendo al criterio cualificado profesional de quienes han realizado el prólogo, el de profesor de Historia e investigador Juan José Tonda Manzano, y el epílogo, el Licenciado en Ciencias de la Información y Doctor en Humanidades (Historia), Víctor J. Hernández Bru.
Editado por Ediciones Fides en el 2022, llama la atención al lector, el colorido de la portada y contraportada, al simbolizar la bandera institucional durante la II República – roja, amarilla y morada-, siendo homogéneos y de igual anchura los colores rojizo y violáceo, mientras que el central, el amarillo, tiene aperturas en su anchura en las que se adentran entreviniendo suspiros pictóricos de pátina sanguínea.
Hoy, a las 19:00, del día 19 de febrero, domingo de Carnaval, vísperas del Miércoles de Ceniza y, por tanto, de la Cuaresma el día 22 de los corrientes, he terminado las 235 páginas de fácil comprensión literaria de las que consta esta narración histórica de unos hechos dramáticos, en los que, ante el odio, la crueldad humana no tiene límites algunos.
Esto me llevó, en varias ocasiones a suspender de forma temporal su lectura y cambiarla por otras, para el análisis y reflexión, y comparar a nivel emocional lo reflejado en el libro con gran maestría didáctica y metodológica por parte de Juan Antonio Fernández Arias, con lo que a viva voz había escuchado de mi familia de consanguinidad y de afinidad, de un lado y de otro, incluso neutros, indiferentes, lo que me habían contado y contrastado, posteriormente y casi simultáneamente.
Pero el hecho de volver a recordar en la razón del corazón, en este momento de mi vida, cuya alma desciende etéreamente a marchas forzadas hacía la profundidad de los sentires de la trascendencia; en una esquizofrénica globalización tecnificadora perturbadora de la paz y la seguridad; después de una espantosa pandemia sanitaria; otra sangrienta y horrenda guerra en Europa; una situación económica cogida con pinzas pero aterradora; un terremoto apocalíptico; una desestabilización del mundo entre quienes optan a vivir en un sistema democrático con sus defectos y quienes desean un sistema populista y nacionalista con muy pocas virtudes humanísticas o ninguna, estos hechos descritos en el libro con exquisita pluma y madurez intelectual, me producían escalofríos de pensar, no tanto en mí, que estoy a punto de finalizar el místico y teatral libro de la vida, como en mis hijas y nietos, que tuviesen que encontrarse con este dolor inhumano por cuestiones ideológicas o de creencias religiosas, y por ende en todo el prójimo más o menos cercano.

Está claro, que al leer el libro se pone de manifiesto, que el concepto de Memoria Histórica tiene una base ideológica e historiográfica de desarrollo relativamente reciente, que viene a relatar el esfuerzo consciente de los grupos humanos por encontrar su pasado, sea éste, real o imaginario. Lo que también es cierto, que la Memoria Histórica se ha convertido, para unos, en una reivindicación privada, para otros, en un instrumento para dar satisfacción a una curiosidad científica e, incluso, en una forma de obtener más votos.
Por ello, la lección magistral que nos da este libro de Fernández Arias, es que siempre hay que desconfiar de una historia dirigida desde el poder político. Este, el poder político, el que ha desarrollado de forma desigual la ley de memoria democrática, bien podría tener a bien, limitarse a garantizar, por un lado, la libertad de pensamiento y, por otro, la libertad de investigación y de cátedra para que los historiadores puedan realizar su trabajo profesional sin coacciones ni penalizaciones. Lo demás es propaganda encubierta.
En conclusión, un libro trabajado por Juan Antonio Fernández Arias, que no pretende, ni sentar cátedra, ni adoctrinar, que permite tras su detenida lectura, las incorporaciones de cuantos matices puedan ser tenidos en cuenta a las historias, trayectorias y datos que se consignan en el mismo y que contribuyen a conocer, durante el periodo de estudio recogido en el libro, los hechos luctuosos acontecidos en la provincia de Almería y por ampliación analógica en toda España, sin resentimiento ideológico y con compasión cristiana.
En conclusión, la historia no debe ser esclava de la actualidad ni escribirse al dictado de memorias concurrentes ajenas a la praxis científica. Les pedimos a los responsables políticos, que con independencia de lo que exprese, no se sabe cuándo, el Tribunal Constitucional en el recurso parlamentario interpuesto, que para la próxima legislatura tengan en cuenta, como prioritario, la modificación de las “verdades del Estado” introducidas en la Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática, cuya aplicación administrativa y judicial puede comportar consecuencias graves para la protección del historiador y la libertad intelectual en general. Paz y Bien.
-Rafael Leopoldo Aguilera-
