Enseñar la tela
El eterno debate del soterramiento, ustedes disculpen que me vaya riendo un poco, está a punto de convertirse en algo parecido a las grandes aventuras de los payasos de la tele, las que siempre acababan con Gaby, Fofó y Miliki corriendo en círculos y propinándose collejas unos a otros mientras la orquesta ilustraba el final del teatrillo con un dinámico trompeteo. Puede que todavía haya un público ansioso de semejantes performances mediáticas, pero creo que la inmensa mayoría de almerienses está ya hasta las narices de la permanente agitación de la memoria y las oportunidades perdidas a cuenta de un proyecto que ya ha agotado todos los turnos de palabra. Por eso me voy a permitir sugerir al PSOE, que está descubriendo ahora lo divertido que es ir sofriendo el tema desde la oposición, que no envíe más cartas proponiendo pactos (¿acaso no estaba ya todo pactado y bien pactado?), declaraciones conjuntas de intenciones ferroviarias, ocurrentes destilaciones filosóficas o bien amasados productos de obrador ideológico. Ya sé que los caballeros no hablamos de dinero, pero si queremos actuar de modo práctico, más vale que nos dejemos ya de literatura emocional y concertemos una reunión de la sociedad encargada de gestionar el proyecto, que la hay. Y que antes de sentarse en la mesa, los representantes de las tres administraciones enseñen la tela que tienen amartillada para el soterramiento. Ya está bien de hablar de modelos, de dimensiones o de conceptos. Hablemos de dinero, señores. Tanto tenemos, tanto podremos hacer. Todo lo demás son animosos, pero improductivos, ejercicios de masturbación mental.
Ya está bien de hablar de modelos, de dimensiones o de conceptos. Hablemos de dinero, señores
