Escribir y cobrar
Hablar de mangancias en la sede de los partidos políticos puede tener en estos momentos el mismo riesgo que hacer pis sobre un enchufe o escupir contra el viento. Un mal negocio en cualquier caso. Por ejemplo, apenas unas horas después de ver a un cariacontecido Rubalcaba dando lecciones de ética y de reciedumbre moral desde el púlpito del Partido Socialista, se ha podido conocer que la Fundación Ideas de ese partido pagó 50.000 euros por diversos artículos a una presunta escritora llamada Amy Martin que nadie ha visto o conoce, como pasaba en su día con los asesores de Diputación. Evítenme ahora el engorro de entrar a valorar si esto es más, menos o igual de penoso que los sobres que presuntamente circulaban por los pasillos de la sede central del PP. Entiendo que eso aburre mucho, así que prefiero mostrar mi incredulidad ante tan generoso estipendio y tomármelo con envidioso humor, porque si hablara con mi contable es probable que acabase enviando mis padrinos a mi amigo Pedro Manuel para darle a elegir entre el sable y la pistola para discutir amigablemente en un bosque sobre honorarios y artículos de prensa. Pero nada de muertes; a primera sangre me basta. Y es que si en esa fundación son capaces de pagar 3.000 euros por artículos sobre la felicidad o sobre el cine nigeriano (¿?) no sé cuánto habrían sido capaces de pagar por mi recordado artículo “Porrinas, pélese”, dedicado a ese inolvidable entrenador de fútbol regional de melena rumbera. Pero algo me consuela: si Larra decía que en España escribir es llorar, ahora por lo menos y para algunos, es cobrar. Vamos mejorando.

