Feria Almería 2012.- Aurora Vargas, Montse Pérez e India Martínez pusieron anoche un gran broche de oro al 46º Festival Flamenco
Tres grandes artistas, tres formas diferentes de entender y de expresar el flamenco, pusieron este martes noche un grandísimo broche de oro al 46º Festival de Flamenco de Almería, que se ha desarrollado en la Plaza Vieja en dos veladas incluidas dentro del Programa de la Feria de Almería 2012.
Como en la primera jornada con Miguel Poveda, anoche la Plaza Vieja registró una gran entrada, con lleno absoluto y ambientazo flamenco en mitad de un sofocante calor que fue destacado por las tres artistas, pero que no impidió que la Plaza se estremeciera con tres voces diferentes pero igualmente sobrecogedoras y cautivadoras, que arrancaron las palmas, los gritos y los coreos de un público entregado.
India Martínez fue la primera en salir al escenario, acompañada por Riki Rivera a la guitarra, Javi Katumba a la percusión y Anabel Rivera y Tiñi Nogaredo en el compás. “Es una alegría ponerse delante de un público como éste, formado por gente de todas las edades que disfruta con el flamenco”, dijo desde las tablas, en mitad de una actuación sembrada de referencias a su estrecha relación con Almería y de seguiriyas, bulerías y temas de su último disco, ‘Trece verdades’, como ‘Sueño con la marea’. No faltaron también los “cantes de la tierra, que aprendí cuando era niña y me enseñaron los grandes maestro de Almería”, en concreto uno aprendido “de alguien que no está con nosotros”, el maestro Luis de la Venta. El taranto de Almería sonó bajo la almeriense luna de agosto a los pies de la Alcazaba, para terminar, ya en pie, con unas bulerías y algunas estrofas a capela de su ‘Vencer al amor’.
La guitarra de Michel Ochando y las palmas de Antonio Gómez ‘Colorao’ acompañaron a la almeriense Montse Pérez en su actuación, marcada por la emoción por “volver a este escenario, a esta Plaza y a mi público y mi tierra”, donde cuya última actuación fue hace ya siete años. Por ‘granaínas’, por bulerías o por alegrías, como las de su disco ‘Del Deseo’, Montse llevándose a ‘su público’ “al barrio de la alegría”. Ya sin mantón, “porque estoy para irme directa a la bañera” (referencia al calor”), la almeriense se fue “por uno de los cantes que más me gustan, de los más ‘quejíos’, con mucho sentido dentro del flamenco, como son las seguiriyas”. Y antes de marcharse, dos fandangos, no sin antes mostrarse entregada y unida a su público, para despedirse con un “me ha encantado estar aquí, en esta Plaza vieja de mi tierra”.
El colofón lo puso, como no podía ser de otra manera, la grandísima Aurora Vargas, voz, arte, semblante e imagen pura del flamenco, embajadora del cante jondo en Japón, en Italia, en Centroeuropa y en medio mundo, hija de los tablaos de Los Canasteros en Madrid y Los Gallaos en Sevilla y embrujo de películas como ‘Flamenco’ de Carlos Saura o ‘Carmen’. Con Diego Amaya a la guitarra y Rafa Junquera y ‘El Eléctrico’ al compás, apareció seria y erguida sobre el escenario, en pie al límite de las tablas, para dejar luego sólo a Diego Amaya y regresar más tarde ya con todo el elenco. Por tangos, con sus espectaculares palmas, por soleares y por unas bulerías “dedicadas a todos ustedes”. Con una espiral de bailes, palmas, requiebros y zapateos, con su voz pura y sin micrófono, Aurora Vargas se fundió con un público ya en pie sin más remedio, convirtiendo el tablao en fiesta y arte y recordando la reina que es. Que para eso, “me llaman la emperaora”.
