Gaspar Zarrías
En plena campaña para las elecciones andaluzas, los focos no dan abasto para iluminar el océano de corrupción socialista en esa desventurada región.
No da de sí este rincón para hacer siquiera una enumeración casuística, así que recurro a glosar brevemente al que me parece el epítome de esta situación escandalosa y terrible: Gaspar Zarrías. Con raíces familiares en el pueblecito jienense de Cazalilla, Gaspar Zarrías Arévalo nació en Madrid en 1955, se apuntó al PSOE en 1972 y muy pronto concentró su fuerza política en Andalucía, concretamente en Jaén, donde se atrincheró cuando los guerristas estuvieron a punto de liquidarlo en el congreso regional de 1988 por “borbollista”.
De consejero de la Presidencia pasó a Madrid como senador por la Comunidad autónoma, víctima de una típica “patada ascensional”. Él fue uno de los socialistas que protagonizaron el episodio bochornoso de votar por senadores ausentes. Pero en vez de haber sido expulsado de la vida pública tras una declaración de indignidad por haber pisoteado la limpieza de una votación, le rieron la gracia. Y desde entonces, Zarrías no hizo más que acumular poder, siempre como número 2 de Manuel Chaves. Era vox populi que no se movía una hoja en Andalucía sin que Zarrías lo supiera, o lo hubiera dispuesto. Él dejaba que se extendiera esta fama, porque prefería ser temido, como en efecto lo ha sido durante todo este tiempo. Y ha personificado todos los vicios del poder: su parentela enchufada en nóminas públicas, operaciones político-económicas opacas con beneficios para sus amigos, control férreo de los medios de comunicación mal llamados públicos puestos a su servicio.
Activo, omnipresente, simpático o amenazante según su conveniencia, amo político de Jaén… Todo un retrato-robot del político caciquil que debe arrancarse de raíz de la vida pública. No se sabe qué hará el noble pueblo andaluz el día 25. Pero si el PP no consigue gobernar, Gaspar Zarrías seguirá haciendo de las suyas, porque no sabe hacer otra cosa.
-El blog de Ramón Pi-
