Grandeza, miseria y orgullo
Los políticos surcan los cielos en primera y con la cabeza en las nubes.
Cáritas ha desvelado que, sólo en Madrid, hay 300.000 personas que dependen de su ayuda para sobrevivir. El orgullo español que critica en petit comité el Gobierno alemán es el mismo orgullo, según parece, que impide a los españoles quejarse de estar en la ruina, pues hay muchos miles de ciudadanos en una situación de pobreza vergonzante, que acuden a escondidas a los comedores de beneficencia para conseguir comida con la que alimentar a sus familias. Esto nos lo acaba de desvelar Julio Beamonte, el director de Cáritas Madrid, cuyas recientes declaraciones son las de un hombre con los pies en la tierra, cosa que no se puede decir de nuestros políticos.
Mientras muchos españoles pasan un hambre tercermundista, los políticos a quienes han votado surcan los cielos con billetes de primera y con la cabeza en las nubes. ¿Dónde van? ¿Qué problema puede haber fuera de España que requiera más atención que el gravísimo drama nacional? El comunista Sánchez Gordillo acaba de volver de Venezuela, donde ha volado en business invitado por el Gobierno de Chávez, para difundir allende los mares su convicción de que los ricos quieren robar, matar y acabar con los pueblos del mundo que luchan por la libertad.
El nacionalista Rafael Ribó, Defensor del Pueblo catalán, que compagina su cargo con la Presidencia de la sección europea del Instituto Internacional del Ombudsman, ha hecho en dos años 50 viajes oficiales a destinos internacionales como Cartagena de Indias, Montevideo, Aguascalientes, Viena, Bermudas o París, por no hablar de sus periplos por África y China que serán, suponemos, imprescindibles para defender al ciudadano medio de Sants o Reus.
Los eurodiputados españoles, por su parte, desdeñaron el año pasado por estas fechas la oportunidad de tener un gesto de grandeza con sus compatriotas azotados por la crisis, pues se votó en el Parlamento europeo la moción de sustituir los vuelos en primera por vuelos en turista. Sólo cuatro de los europarlamentarios españoles votaron a favor de esta medida de austeridad que quedó, obviamente, descartada.
La epidemia de la desconexión de los políticos con la realidad ha afectado también al mismísimo Rodrigo Rato, que parece haberse propuesto hacer buena la decisión de Aznar de elegir a Rajoy entre sus tres delfines. Rato, cuyo sueldo ya redujo el actual Gobierno de 2,3 millones anuales a 600.000 euros, cosa que no logró hacer llorar a nadie, sufrió la semana pasada un ataque de ego que le hizo enviar una carta incendiaria a los consejeros de Bankia, criticando las primeras medidas de su sucesor al frente de la entidad, pese a que el banco al que vilipendia le va a pagar 1,2 millones para evitar que fiche por la competencia.
Mientras Julio Beamonte compara la pobreza de la España actual con la de la posguerra, nuestros políticos siguen protagonizando espectáculos dantescos, que los sitúan en una lujosa vida paralela, aislada por completo de los problemas y necesidades de los ciudadanos.
-Gabriela Bustelo-
