Griñán hereda su propia ruina
Los primeros compases del bipartito PSOE-IU en el gobierno de la Junta de Andalucía no suenan más que a la misma milonga de siempre, pero corregida y aumentada a peor. Así, al mismo tiempo que sacan a pasear el autobombo mediático para mentir a los andaluces acerca de la situación real de nuestra comunidad, han convertido su gestión en una especie de munición inagotable para el ataque al gobierno de Mariano Rajoy. Pero lo que no podemos perder de vista es que la ruina de Andalucía no la han provocado las medidas de ahorro que, afortunadamente para todos, ha puesto en marcha el gobierno del PP con el reconocimiento y aplauso de toda Europa, sino la gestión de los propios socialistas. Por tanto, el endeudamiento de Andalucía sólo es responsabilidad de la penosa gestión de Griñán, que elaboró unos presupuestos falsos a sabiendas para 2012. Es decir, que Griñán ha heredado su propia ruina. Por lo tanto, me permito sugerir al presidente derrotado en las urnas que no busquen enemigos ficticios fuera de Andalucía, porque los únicos culpables de la bancarrota andaluza son los socialistas que, después de treinta años de abusos, han convertido a la Junta de Andalucía en una máquina de financiación de familiares, amigos y conocidos. Los que han llevado a Andalucía al liderazgo vergonzante de paro y presión fiscal no pueden ahora ponerse al frente de la manifestación ni pedir otro cheque en blanco para endeudarse más. Lo único que no sube en Andalucía es la estupefacción de los andaluces al comprobar el nivel de irresponsabilidad y falta de previsión de Griñán y los suyos, que a estas alturas de la película todavía no han sabido ponerse de acuerdo en algo tan sencillo como determinar las cifras del déficit real de Andalucía. Pero esta percepción no la tenemos sólo en el Partido Popular. La respuesta de los mercados ante la Junta de Andalucía demuestra que, aunque las carambolas de las urnas permitan seguir aferrados al poder de la mano de IU, los largos años de corrupción, despilfarros y falta de solvencia y credibilidad auspiciados por el PSOE, sí pasan factura. Lo lamentable es que el castigo por la pésima situación económica de Griñán no lo asumen los socialistas como causantes del descalabro, sino los parados, las familias, los funcionarios y, en definitiva, los que menos tienen. Mientras tanto, los altos cargos de la Junta siguen repartiéndose los restos del botín en forma de generosas y bochornosas productividades. Griñán baja los sueltos y sube los impuestos, pero no toca ni los beneficios de sus fieles más cercanos ni el entramado de empresas públicas creadas a la medida de sus amigos y conocidos. Para eso no hay miserias. Para hacer obras públicas sí. Sorprende, por cierto, el silencio de los que exigen al Gobierno central el cumplimiento puntual de las obras y los plazos y ahora no dicen ni pío cuando la Junta anuncia la eliminación del presupuesto para la obra pública este año. ¿Ya no hay prisas por el soterramiento? Ese silencio es el mismo de los que sólo saben protestar por los recortes cuando vienen ordenados de Madrid y miran hacia otro lado cuando los ordena Sevilla. Ese sectarismo bien remunerado es, probablemente, uno de los peores legados que va a dejar en Andalucía el socialismo. El otro legado, el de la ruina económica, lo estamos sufriendo ya todos, pero no todos por igual. Y es que ya se sabe que con estos socialistas hay compañeros de partido, andaluces de primera, andaluces de segunda y luego estamos los almerienses.
Javier Aureliano García
Secretario General del Partido Popular de Almería
