Hasta los octógonos
Los responsables de la Junta de Andalucía se ponen en el umbral del soponcio cuando desde fuera de la burbuja de azahares progresistas se habla sin tapujos de tercermundismo, miserias y otras delicuescencias patrocinadas por nuestro fulgurante gobierno autonómico. Pero a poco que se escarbe, la mano se queda no ya con algo de pelo, sino con media dehesa. Y es que se ha llegado ya a tal punto de desparrame, que lo imperativo no es exigir transparencia y decencia en la gestión, sino pedir simplemente que enchufen a compañeros, familiares y amigos con una formación aseada. No hablo de excelencias académicas o talentos naturales: basta con no llenar la nómina pública andaluza de ágrafos y ágrafas. Este gesto nos evitaría bochornos como el que acaba de protagonizar la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa, que en uno de esos exámenes que organiza la Consejería de Educación para medir el nivel del desastre educativo andaluz, incluía preguntas en las que se confundían los hexágonos (polígonos de seis lados) con los octógonos (lo mismo, pero con ocho). Y luego nos extrañamos de que los alumnos andaluces estén a la cola de Europa en cuanto a nivel de conocimientos. Pero no es la primera vez que pasan cosas así en una administración que llegó a confundir la catedral de Sevilla con la de Palma de Mallorca en un anuncio o que llegó a incluir un barco inexistente en la señalización oficial de la batalla de Trafalgar. La denuncia de este nuevo error la ha cursado la asociación de docentes “Marea Verde”, hartos ya de tanto disparate. Bueno, pues que ahora salga el consejero de turno a hablar de pizarras electrónicas y todo arreglado.

-José Fernández-
