Histórico: Francisco abrazó a Benedicto y el pueblo aplaudió a San Juan XXIII y San Juan Pablo II
La ceremonia de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, que muchos recordarán como “el día de los cuatro Papas”, empezó a generar imágenes memorables con la llegada de Benedicto XVI, el Papa emérito, que se sentó, vestido como un obispo más, entre la multitud de obispos bajo unos techos de lona que les protegían de la llovizna que empapaba a la multitud de peregrinos entusiastas.
Varias personalidades civiles y eclesiásticas se dirigieron al obispo emérito de Roma para saludarle personalmente.
Con la presencia de 150 cardenales y 1.000 obispos, poco antes de las 10 de la mañana empezó a resonar la letanía de los santos, y por las puertas de la Basílica salió la procesión a la Plaza de San Pedro: detrás de la cruz, los Patriarcas de las iglesias orientales encabezaban la marcha, y entre ellos, el primero, el arzobispo mayor de los ucranianos grecocatólicos, Sviateslav Shevchuk) todo un símbolo de apoyo a la población de Ucrania y la iglesia grecocatólica, la más numerosa de las iglesias católicas orientales, ya que Shevchuk ni por edad (es, con mucho, el más joven), ni por honores (no es Patriarca ni cardenal) parece que debiera protocolariamente encabezar la marcha.
La gente aplaudió y vitoreó antes de que Francisco acabase de pronunciar las palabras.
Las de Juan XXIII las llevaban parientes del “papa bueno” y personalidades de su región. A las 10.25 el cardenal prefecto le dio las gracias al Papa, de parte del pueblo cristiano, por la canonización. Y se cantó el “Gloria”. Después, prosiguió la Eucaristía solemne.


