Homenaje de Antas a Monseñor Bernardo Ávila Ortega
El pasado 8 de septiembre, en el marco de la fiesta patronal de Nuestra Señora de la Cabeza, Patrona de la villa, Antas rendía un sentido homenaje a Monseñor Bernardo Ávila Ortega (*11 de mayo de 1930), párroco pilongo de su pueblo natal durante treinta y seis años (1979-2015), y tras su jubilación canónica en 2015 ha colaborado pastoralmente con su párroco cuanto le ha sido posible y se lo ha permitido su salud. Monseñor Ávila ha sido al mismo tiempo que párroco de la comunidad parroquial de Nuestra Señora de la Cabeza, de su Antas natal, encargado primero y después administrador parroquial de la parroquia vecina de Nuestra Señora de las Huertas, de Aljáriz.
El homenaje había sido programado con ilusión por el Ayuntamiento de la villa la y tenía lugar a las ocho de la tarde, con la convocatoria de los vecinos a la plaza recién remodelada que pegada a la Iglesia se conoce desde el pasado 8 de septiembre como «Plaza de Monseñor Bernardo Ávila Ortega». Caída la tarde y ya en sombra bienhechora la plaza de convocatoria, el homenaje se abría con la intervención del Alcalde, el socialista D. Pedro Ridao Zamora, que en un breve discurso lleno de afecto y gratitud para con el homenajeado, daba razón del acto, recordando la trayectoria de Monseñor Ávila Ortega, que tomó a continuación la palabra para dar las gracias por el homenaje que recibía. Las palabras del homenajeado fueron de gratitud, exponiendo con humildad cómo toda su vida sacerdotal no ha sido sino un servicio continuado a la causa de Dios, predicando a Cristo y celebrando la fe de la Iglesia. Tomó después la palabra el Obispo diocesano Mons. González Montes, para poner de relieve cómo la entrega generosa del entrañable sacerdote don Bernardo ha sido siempre de verdad ejemplar, por entero dedicada al Evangelio y al servicio humilde los hombres.
Seguidamente, acompañado por el Alcalde y el Obispo diocesano, don Bernardo, tímido y con los noventa y uno ya cumplidos en mayo cortaba la cinca con los colores de la bandera de España que daba acceso simbólicamente a la plaza que su pueblo le dedica, para llegar descubrir el bronce que colocado sobre una pilastra al abrigo del muro de la iglesia parroquial reproduce su cabeza, que el artista ha modelado por el escultor imaginero y restaurador Mario Jesús Latorre.
No ha sido el único acto de homenaje que Antas tributa a Monseñor Bernardo Ávila, ya que don Enrique Antonio Cortés Díaz, párroco de Antas hasta su reciente traslado a la parroquial de Santa María, de Albox, con la colaboración de Mario Jesús Latorre organizaba en el auditorio de Vera el 21 de noviembre de 2019, víspera de la fiesta de santa Cecilia, un concierto en homenaje a don Bernardo meses antes de cumplir los noventa años, reconociendo en el anciano sacerdote los méritos del intérprete de órgano y compositor de música religiosa. El homenaje, en contó con el guitarrista concertista Guillermo Fernández, nacido en la capital de la provincia y afincado en el levante almeriense, que regaló su último disco al anciano Monseñor. El concierto contó también con el coro de la parroquia de Nuestra Señora de la Cabeza de Antas, que interpretó algunas piezas de música sacra compuestas por Monseñor Ávila.
A continuación, reproducimos la intervención de felicitación del Obispo diocesano en el homenaje que Antas tributó a su histórico párroco, que fue seguido de la celebración de la Santa Misa, al comienzo de la noche y al aire libre ante la sagrada imagen de Nuestra Señora de la Cabeza, Patrona de la villa, trasladada a su ermita tradicional en la población.
Palabras de felicitación del Obispo diocesano en el homenaje a Mons. Bernardo Ávila Ortega en la Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María.
Quiero comenzar estas breves palabras de felicitación con una referencia a la trayectoria de D. Bernardo. Con ellas me sumo con gozo y satisfacción a este homenaje a un sacerdote tan querido por todos los diocesanos. Monseñor Don Bernardo Ávila Ortega nació en Antas (Almería) el 11 de mayo de 1930. Tras una infancia en tiempos de dificultad, apenas salidos los españoles de la guerra civil del pasado siglo, ingresó en el Seminario Conciliar de Almería con los 18 años, aunque él hubiera querido entrar en el Seminario en 1941 con otros compañeros suyos. En el histórico Seminario Conciliar de San Indalecio, entonces en la Plaza de la Catedral, comenzó el currículo de sus estudios de Humanidades. Terminado el tiempo del Seminario Menor, ya en el nuevo edificio del Seminario cursó los estudios de Filosofía y Teología, siendo ordenado sacerdote en Vélez Rubio el 14 de junio de 1959.
Durante su carrera sacerdotal fue párroco en diferentes Iglesias de la geografía almeriense como Vélez Blanco, Serón, Villaricos, Abrucena, Escullar y María, pasando por Vera para volver a la parroquia de Antas en 1979, como párroco de la comunidad parroquial de Nuestra Señora de la Cabeza, de Antas, y de la parroquia de la Virgen de las Huertas, de Aljáriz. A ambas comunidades parroquiales ha dedicado desde entonces su ministerio sacerdotal como pastor inmediato de sus feligreses, de servicio ininterrumpido y prolongado hasta más de cuarenta años. En 1987 fue nombrado arcipreste del arzciprestazgo de Vera.
Celoso pastor de almas, don Bernardo destaca además por ser uno de los sacerdotes compositores de música sacra en la España de su tiempo, autor de con varias composiciones de música sacra, varias misa, , piezas dedicadas a la Virgen, motetes para las celebraciones de la Iglesia, sobre todo para la Semana Santa. Su última pieza es el «Himno a los Mártires de Almería del siglo XX», con letra del maestro de Capilla de la Catedral, don Juan Torrecillas Cano, buen amigo de don Bernardo. El himno, una pieza muy lograda, se estrenó el 25 de marzo de 2017, en la solemnidad de la Anunciación del Señor, titular de la Catedral de la Encarnación de Almería, con motivo de la Beatificación del deán José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires.
Consciente de la trayectoria sacerdotal de don Bernardo y valorando su condición de compositor de música sacra, como autor de piezas de polifonía sagrada estimables, y viendo su vida de fidelidad probada al ministerio sacerdotal, sin que nadie me lo pidiera nunca, solicité del Santo Padre Francisco le fuera otorgado el título de «Monseñor» en condición de Capellán de Honor de Su Santidad, tras la reforma que el Santo Padre llevó a cabo de los títulos honoríficos para los clérigos seculares. Don Bernardo, como familiarmente todos los sacerdotes y fieles le llamamos, recibió el nombramiento de honorífico con palabras que son un testimonio de un hombre de fe y de un pastor adornado por la virtud de la humildad, que abre las puertas de cualquier corazón. Recogidas por el Diario de Almería suenan así: «Lo acepto como una gracia. Mis sentimientos son hoy de acción de gracias. Gracias a Dios por el don inmerecido del sacerdocio. Gracias al Papa Francisco por este honor que ha querido otorgarme. Honor tan inesperado como inmerecido. Lo asumo con obediencia y responsabilidad. Gracias al Obispo que lo ha solicitado. Gracias a mis hermanos sacerdotes que con tanta alegría lo han recibido. Gracias a mi pueblo, Antas, y mi parroquia» (Diario de Almería, 11 de mayo de 2016).
Me agrada poner de relieve la humildad de Monseñor Ávila Ortega, en este tiempo de tanta vanidad y concupiscencia por la apariencia, forma vacía de aparentar poder. Me agradan las palabras de agradecimiento de un sacerdote humilde frente a la ingratitud de algunos clérigos que no prestan atención a la exhortación de san Pablo de ser siempre agradecidos (Col 3,15). Al agradecimiento humilde, la vida de Monseñor Bernardo Ávila nos regala el ejemplo, digno de imitación, de la cotidiana dedicación al ministerio pastoral, ejerciendo el sacerdocio de Cristo para santificación de los fieles. Director de almas y confesor atento, tuvo siempre muna preocupación admirable por la sagrada liturgia y los bienes patrimoniales de la Iglesia.
En este sentido, he de confesar que me impresionó constatar que contaba Antas con el retablo en el que él tanto empeño e ilusión puso. Siempre me ha impresionado la delicadeza y atenciones que ha prodigado a sus obispos durante estos veinte años de mi ministerio en Almería. Deudor de una educación sacerdotal recibida en el Seminario, aunando en su trato con su Obispo la fraterna confianza con el respeto y la devoción al sucesor de los Apóstoles, don Bernardo como los sacerdotes de las generaciones mayores ha hecho siempre gala de esta deferencia.
De cuanto me es obligado agradecer, quiero destacar la gratitud que todos le debemos por el ejercicio generoso de su ministerio. Gratitud del presbiterio y de los fieles todos de la diócesis a los que ha servido. A todos los represento y en nombre de todos y en el mío personal gracias de corazón, Monseñor. Estoy seguro de que los diocesanos comparten este mismo sentimiento hacia su persona, en particular los feligreses de todas las comunidades por donde pasó poniéndose a su servicio como sacerdote, y tiene un acento especial en su querido pueblo de Antas y en la comunidad parroquial de Aljáriz.
Querido Monseñor Don Bernardo Ávila, que Dios le premie su servicio, y que el Buen Pastor quiera darnos vocaciones sacerdotales que como la suya estén plasmadas por el Corazón de Cristo Sacerdote. Así se lo pedimos a la Santísima Virgen de la Cabeza, suplicándole le mantenga a usted en buena salud. Que Dios le bendiga. Muchas gracias.
Antes, 8 de septiembre de 2021
+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería
