Inteligencia sentinente, hoy
Aunque hablamos de redes y conexiones en una cháchara sin fin, no pasamos de un parloteo insustancial.
Si por una vez hiciéramos caso a Zubiri, a su famoso enlace entre inteligencia y sentimiento, acordaríamos a favor de su imperiosa necesidad para una vida digna en sociedad; en la cual, la responsabilidad solidaria estuviera presente.
Ocurre sin embargo, que no es suficiente con la lectura atenta, ni tan siquiera con el acuerdo teórico, abordamos unos conceptos, de los que es la PRÁCTICA quien dará la confirmación de su presencia activa o de la ausencia lamentable. Las cualidades, como los individuos, desconectados entre sí, contribuyen al desbarajuste social y personal, de muy mal pronóstico.
Aunque hablamos de redes y conexiones en una cháchara sin fin, no pasamos de un parloteo insustancial; por que luego, no conectamos ni dos bondades seguidas. El trato de la inteligencia con el sentimiento discurre distraído por unos ambientes ajetreados y ensoberbecidos.
Las expresiones al uso y sobre todo las actuaciones, nos demuestran que las mencionadas conjunción de cualidades es una especie en peligro de extinción. Inteligencia hayla, abunda; aunque no suele ir acompañada de sentimientos benevolentes.
En una mirada hacia las alturas donde bullen las grandes MAQUINACIONES, ¿Con qué nos encontramos? Perversos y crueles proyectos urdidos en contra o prescindiendo de la mayor parte de los ciudadanos, en unas esferas inaccesibles a esas mayorías de sufridores. Los campos de actuación de dichas maniobras inciden en todos los sectores de interés. Siempre con la imposición de criterios como norma de maniobra y con el monopolio sobre cualquier recurso a la vista. Son labores evidentes, de una inteligencia abusiva y fraudulenta.
El popular “ni contigo ni sin ti”, también es aplicable al sentimiento inteligente. ¿A qué viene esto? Por la evidencia de las deficiencias y miserias que arrastramos. La solución al completo no es de estos pagos, a pesar de tantos avances y presunciones; mientras, las imperfecciones no llegan a ser soluciones.
El recurso al conformismo resignado es rácano y su dignidad pierde prestancia; pero además, las graves penurias lo impiden. Asoma en el horizonte la necesaria apuesta por la implicación de todos en las labores de MEDIACIÓN; tendentes al recuerdo vivo del sentido añorado en los remedios y la atenuación al menos de los nefastos planes insensibles con que nos obsequian.
Digo participación mediadora, implicada, en el intento de evitar, que los iluminados del momento aislen los núcleos decisorios de cara la fuerza de sus posiciones; ellos pretenderán cerrarnos los accesos. Las grandes tramas organizativas y la dispersión de las actitudes por parte de la ciudadanía, no presagian labores cómodas ni grandes satisfacciones, en un panorama continuista.
La polarización estricta, hacia unos sectores sociales, enredados con determinadas ideologías intransigentes o escindidos por las ramificaciones políticas; conduce hacia una fragmentación en compartimentos estanco, poco relacionados con la auténtica constitución polifacética de cada persona.
Dichos excesos fragmentarios ejercen como potente fuerza distractora, dirigen la atención a ciertos asuntos artificiosos. Ese no es el camino adecuado para la percepción de las fechorías que unos sujetos practican sobre sus prójimos; estas quedan catalogadas como efectos secundarios, apartadas y en gran parte disimuladas.
Estamos ante una suerte de escapismo o DESVIACIÓN peligrosa y frecuente. Quién sabe si por descuido de los menos dotados, alevosía de las “grandes cabezas” o simplemente por el sino de los tiempos. Lanzados hacia esos polos tan alejados de los núcleos humanos, introducimos como lógicos a comportamientos impensables; el egoísmo cerril, la desconfianza extremosa, la ausencia de compasión y camaradería, así como la tristeza generalizada o un cúmulo de penosas carencias.
¿Qué les ha parecido la adjudicación del premio Nobel de la Paz a la Unión Europea? ¿Sus inteligencias cómo lo han sentido? También en estos asuntos, reflejamos los cauces de las conductas y los valores aceptados. En el conglomerado europeo coinciden hechos variados, de los cuales resulta complicada el deslinde de factores comunes.
Me preocupan los índices valorativos silenciados a la hora de la deliberación, no tanto los declarados. Es decir, cuáles son en realidad los COMPONENTES de dicha PAZ. Desde las primeras horas de la adjudicación resaltan algunos hechos previos. Las turbias ventas de armas, a quienes y los cambalaches consiguientes; y las relaciones con Libia, Palestina, Israel, Siria y un largo etcétera, apenas divulgadas.
Las tibias y tardías respuestas ante las masacres de Siria, por citar sólo las más recientes. ¿De qué paz hablan? ¿Será justa esa paz, a la vista del trato dispensado a los ejecutivos y banqueros; en comparación con el dispensado al resto, parados, pensionistas o funcionarios? Son unos pocos de los indicadores enfrentados a la frágil argumentación para el premio. Apelar a la palabra paz es muy socorrido, el vocablo no protesta. Las proclamaciones van por su lado y por caminos muy diferentes van los proyectos poco relacionados, incluso opuestos, a una paz relevante. Y, cuestión añadida, Europa ¿Somos todos?.
Aún con la mención de las numerosas dificultades y cambios, afrontamos una realidad patente, la gran profusión de medios informativos; hasta el punto de que hablamos de una saturación de mensajes recibidos, con la consiguiente confusión. Pienso que no confundiremos esas abundancias con la INFORMACIÓN LIBRE. ¿De qué nos informan? ¿Quiénes? ¡Qué añadir de los silencios y ocultamientos!. La información no la percibimos libre, sino más bien servil a las ideologías y empresas.
Las posibilidades de intoxicación dirigidas por aquellos intereses siempre fueron amplias y quizá van en aumento. Los medios técnicos son recursos, no garantías de buen uso. Los manipuladores adaptan su inteligencia a cada circunstancia. El número total de periódicos en España, no dice mucho; los propietarios disimulan en esa variedad un hecho real, pertenecen a unos pocos emporios y las diversas cabeceras son distractoras. Ocurre también con las televisiones. ¿50 canales? Incluso Internet, por vías diferenciadas, está expuesto a esos sometimientos. ¿Va unido ese sentimiento a la procura de soluciones?.
En una primera y apresurada afirmación, diríamos que ya no estamos en ambientes de CENSURA de datos o actuaciones, los tiempos promueven aperturas de mayor calado. Estaríamos ante otro pronunciamiento generalista, que no esconde otros trasfondos. Lo citado en el párrafo anterior esboza una vías permanentes bloqueadoras de informaciones. Añadiríamos enseguida la deformación creada por una sugestión. Basada en la abundancia de datos, la ciudadanía llega a la conclusión de un grado de difusión inigualable, Las controversias simulan un ambiente libertario, los escándalos mostrados esconden los verdaderos desastres pergeñados por los gestores supremos situados en la sombra (Decisiones de gobierno, repercusiones económicas, conductas alejadas de la moral). Estamos ante otras formas. Ahora, ¿Son más inteligentes los censores? ¿Simplemente, siguen otras tácticas? Algo circula por detrás del mundo mostrado y no es precisamente inconsciente; otras conciencias nos ocultan sus tramas.
Una carencia sobrevuela sobre las demás, la falta de sentimientos hacia los demás seres humanos, en unos egoísmos a ultranza decepcionantes.
-Rafael Pérez Ortolá-
