Juegos Olímpicos Londres 2012.- Craviotto, plata en K1 200
Una plata acuñada en poco más de dos meses. Eso es lo que se colgó del cuello Saúl Craviotto (27 años) en K1 200 con un tiempo de 36.540. El británico Ed McKeever por delante (36.246) y el canadiense Mark de Jonge (36.657) por detrás. El de Lleida fue campeón olímpico en Pekín en K2 500 metros junto a Carlos ‘Perucho’ Pérez Rial y llevaban cuatro años preparando el cambio de distancia cuando una ola les dejó fuera de los Juegos a finales de mayo en el Preolímpico. Craviotto consiguió una plaza en K1 por reasignación continental, con suspense. Nada más llegar a meta tuvo al otro lado del teléfono a Perucho: “Él se ha echado a llorar y yo le he echado mucho de menos”.
Craviotto disputaba en Londres su segunda competición internacional en K1. “La primera que hice fue en Polonia hace dos meses y también quedé segundo. En Pekín pasó algo parecido con Perucho, que era la segunda vez y ganamos el oro. Se repite la historia”, contó el policía nacional. Un déjà vu que acabó bien.
Saúl salió muy atrás para lo que acostumbra en una carrera frenética que no permite fallos. Que se decide en un parpadeo. Pero supo apretar. Con los diez kilos de músculo que ha ganado (de 88 a 98 kilos) para poder conseguir un ritmo 155 paladas por minuto. El cambio al que le obligaron al acortar la pista 300 metros. “Nos ha faltado tiempo, porque todo estaba orientado al K2 y es complicado pasar a uno en dos meses”, relata Miguel García, su técnico. Él intentó que cambiara su pala y pasara de los 845 centímetros cúbicos que monta a una más estrecha de 815, con el objetivo de aumentar la frecuencia. “Pero Saúl necesita mucho agarre, sentir que engancha el agua porque tiene mucha fuerza, y perdía sensibilidad”. En dos meses era demasiado riesgo. Así que optaron por lo conocido y valió una plata.
“En el momento de la salida sentí la tensión, el trabajo de cuatro años. Llegaba con la mejor edad, de madurez y fortaleza física, y sabía que era la carrera más importante de mi vida. A Río no sé si llegaré. No podía dejar escapar esta oportunidad”, resumió Craviotto, que ya suma un oro y una plata a su palmarés.
Sin embargo, Sete Benavides (C1 200) y Teresa Portela (K1 200) vivieron la amargura del cuarto puesto. Ese que inunda de rabia del cuerpo. Que no sabe a nada hasta que pasa un tiempo. El mallorquín de Pollença, de tan sólo 21 años, venía con la vitola de su bronce mundial y estuvo a punto de subir al podio (43.038). Le derrotaron el ruso Yuri Cheban (42.291), el lituano Jevgenij Shuklin (42.792) y el ruso Ivan Shtyl (42.853). Le faltó punch al final, pero suyo es el futuro.
Sin embargo, para Portela era su último tren. Con 31 años disputaba sus cuartos Juegos, esta vez en una distancia en la que había sido dos veces campeona mundial pero que hasta Londres no ha sido olímpica. El oro fue para la neozelandesa Lisa Carrington (44.638), la plata para la ucraniana Inna Osypenko (45.053) y el bronce para la húngara Natasa Douchev-Janics (45.128). La de Cangas de Morrazo marcó 45.326. Sus lágrimas, sin control ni consuelo, lo decían todo.
