La artista Isabel Pantoja, de viuda de España y mito de la canción a ídolo caído
‘Tú a mi no me hundes’. Así tituló Isabel Pantoja una de las canciones de su disco ‘No me parezco a nadie’, lanzado al mercado en 2010, un año después de hacerse oficial su ruptura con el exalcalde de Marbella, Julián Muñoz, detenido en 2006 y preso durante más de dos años tras la operación Malaya. Para ese año, sin embargo, la tonadillera de Triana, Medalla de Andalucía, y con 40 discos de platino a sus espaldas, andaba ya atrapada en la maraña judicial.
El 2 de mayo de 2007 salía detenida de su chalé ‘Mi Gitana’, en Marbella, tras insinuarlo en un mitin el propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Era el principio de un calvario que culminaba este martes, cuando la artista, tras escuchar la lectura pública de su condena a 24 meses de prisión por blanqueo de capitales, era insultada y arrastrada por un grupo de personas incontroladas que la aguardaba en una pasarela bien distinta a la de los escenarios: la que separaba su coche de la puerta de los juzgados.
No hay constancia de que Isabel Pantoja sea afortunada en el juego. Lo que sí es notorio es su escasa fortuna en el amor. En 1984 perdía de manera trágica, apenas un año después de casarse, al gran amor de su vida, el diestro Francisco Rivera ‘Paquirri’, ganándose la compasión popular y convirtiéndose en la ‘viuda de España’.
No se recuperaría del golpe hasta pasados varios años, y después de dedicar al torero el álbum ‘Marinero de Luces’, un auténtico boom en el que su duelo se convertiría en coplas gracias a la dolorida poesía de las letras de José Luis Perales.
Pasado el bache hubo pocos romances estables, el más conocido con Diego Gómez. Pero en 2002 era llamada por el alcalde de Marbella, Julián Muñoz, para convertirse en embajadora de la ciudad, gestándose un idilio entre los dos que acabaría por enterrarla entre las ruinas de la corrupción marbellí.
Y llegó el blanqueo
El dinero amasado a espuertas por Julián Muñoz desde su llegada al Consistorio marbellí, en 1991, brillaba demasiado para sustraerse a su atracción. Y en 2003 la actividad profesional de la tonadillera estaba en horas bajas. Así que junto al amor surgió el interés comercial, y Muñoz comenzó a usar las sociedades de Isabel para canalizar sus ingresos fraudulentos, parte de los cuales sirvieron para que la pareja se comprara un lujoso apartamento en el hotel Guadalpín Banús de Marbella, montase una ganadería con sus reses o adquiriese el chalé ‘Mi Gitana’, en la urbanización La Pera de Nueva Andalucía, donde estableció su residencia.
Aunque al conocer a Muñoz la artista era ya un mito de la canción y no necesitaba de otras alas para volar, lo cierto es que, según asegura la sentencia apoyándose en los informes de la Agencia Tributaria, sus empresas Panriver, Franbel Artis y Pantomar sirvieron de cauce para que aflorara el dinero de procedencia ilícita de Muñoz.
En sus cuentas se ingresaron en solo un año (2003) un total de 293.000 euros, cantidad muy superior a los ingresos efectuados por la cantante durante los siete años precedentes. Fueron los años en los que Pantoja abrió su famoso restaurante y su bar de copas, devorados más tarde por un local de comida oriental.
Tras su procesamiento llegó el juicio. Y el banquillo de los acusados, en el que La Pantoja tuvo que sentarse desde septiembre de 2012, se convirtió en el lugar donde la soberbia intérprete de ‘Yo soy esa’ aparecía menguada y enflaquecida, equiparada en todo al perfil de cualquier otro de los procesados. La exposición diaria de su rostro desmejorado ante las cámaras hizo añicos el capital de glamour acumulado por la estrella, que tuvo incluso que aguantar allí sentada, entre lágrimas, cuando durante una de las sesiones se le comunicó por sms la noticia de que estaba siendo abuela.
Isabel Pantoja no irá a prisión, porque el tribunal ha considerado que, a diferencia de Maite Zaldívar, cometió el blanqueo de forma puntual, y no continuada. Pero su imagen pública nunca será la que era.
Su biografía ha quedado plasmada en el elenco de éxitos que componen su riquísima discografía. Su vida se transformó en coplas. Desde ‘Hoy quiero confesarme’ a ‘Se me enamora el alma’, ‘Cárcel de oro’ o incluso ‘Cartas a Alhaurín’, cada muesca que el destino dejaba en su vida era convertida en canción. ¿Ocurrirá lo mismo con su condena? Son muchos los que esperan que Isabel resurja con un nuevo disco. Por lo pronto es bien elocuente la letra de una de las canciones lanzada tras iniciar su romance con Julián Muñoz: ‘Él es la causa de todo. Mi presente, mi pasado. De los momentos felices. De las veces que he llorado. De todas mis aventuras. Y también de las locuras’.
