La camiseta del pequeño dio un giro de 180 grados a la investigación que Ana Julia Quezada trató de controlar desde que mató al pequeño
La tercera jornada del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Almería contra Ana Julia Quezada por el crimen de Gabriel Cruz ha ahondado en la intención de la acusada de controlar en todo momento por donde iba y por donde debía ir la investigación y también en el hecho de que fue el hallazgo de la camiseta del pequeño lo que dio un giro de 180 grados para que los investigadores se centraran en Ana Julia como sospechosa principal de lo que durante los 13 días de búsqueda se pensó que era un secuestro. Las pesquisas realizadas por la Guardia Civil iban encaminadas a encontrar con vida a Gabriel y por ese motivo no investigaron ni en la casa de Las Hortichuelas ni en la finca de Rodalquilar, en la que Quezada había enterrado al pequeño el mismo día en que desapareció.
Desde el momento en que recibió una llamada alertándola de la desaparición del niño, la autora confesa del crimen trató en todo momento de desviar la atención sobre sí misma, según el teniente de la instrucción de las diligencias y el secretario de las diligencias. “Cada vez que llamábamos a Ángel, era ella la que hablaba, asumiendo la representación de Ángel. Ella sabía todo, se anticipaba a todo”, relató el primero en la sesión de este miércoles, y añadió que desvió la atención hacia su ex, Sergio, para ganar tiempo y poder sacar el cadáver del pequeño de la finca.
Fue el hallazgo de la camiseta por la propia Ana Julia y el hecho de que insistiera en que era de Gabriel y que lo sabía porque lo había vestido ella -algo que desmintió la abuela Carmen a los investigadores- lo que no solo alertó a la Guardia Civil sino también a Patricia, la madre del pequeño, que ya cuando se estableció una recompensa por el paradero del niño sin contar con ella tenía la mosca en la oreja.
Para los investigadores, que perdiera el teléfono no una vez, sino dos, también era sospechoso; pero seguir a Ana Julia se complicaba porque algunos medios de comunicación la seguían también cuando salía de la casa, lo que dificultó el trabajo de la Guardia Civil. Finalmente consiguieron ponerle un localizador GPS y micrófono en el coche y también establecieron seguimiento visual de la sospechosa en todo momento.
El día de la detención
El día en que se detuvo a Ana Julia Quezada en Vícar comenzó con ella saliendo con Ángel y luego ella regresó con el a Las Hortichuelas. Al poco ella cogía su coche e iba a la finca de Rodalquilar “donde había un operativo de vigilancia y fotografió la actuación de Ana Julia hasta que saca algo que morfológicamente podría ser el niño y lo mete en el maletero. Siempre se tuvo una visual directa de ella, además del GPS y micrófono instalados en el coche”, ha expuesto el teniente de la instrucción, quien también ha asegurado que cuando la acusada llegó a Vícar se decidió intervenir. “El trayecto que hizo era totalmente errático y no sabían qué iba a hacer exactamente, llegamos a creer que iba a tirar al niño al mar. Tardó una hora larga en completar un espacio que se recorre en 40 minutos”, ha añadido. Entre la salida de la finca y la llegada a Vícar ella fue grabada diciéndose: “Tranquila, Ana, no te vas a ir a la cárcel” y “a ver a qué invernadero lo llevo. No querían un pez, les voy a dar un pez por mis cojones”. Cuando la detienen dice a los agentes que en el maletero lo que había era “un perro”.
Ella llevaba en su mochila aproximadamente 10 comprimidos de Diazepam y en la casa de Vícar se encontró cocaína. Según el abogado de la acusación, no parece muy probable que pudiera suicidarse con eso.
El secretario de las diligencias, Sargento Primero de la Unidad de Policía Judicial y jefe del servicio de Desaparecidos y que actuó como enlace entre la investigación y la familia ha dicho: “No vi arrepentimiento en ella ni el día que la detuvimos ni durante los 13 días que duró la búsqueda”.
Policía Local de Níjar y amigo de Ángel
Otro de los testigos de la jornada de este miércoles ha sido un agente de la Policía Local de Níjar que colaboró en las búsquedas y que es amigo de Ángel Cruz, padre de Gabriel. Ha relatado que cuando lo llamaron por el hallazgo de la camiseta y vio el punto donde se encontró, que él mismo había visitado con anterioridad, comenzó a hacerle preguntas a Ángel y que “el fue contando un relato que le ponía los pelos de punta, le estaba contando un plan”, el de Ana Julia Quezada. La camiseta estaba seca y había estado lloviendo.
