La canción política del verano
Parece que fue ayer, en estas fechas estivales veraniegas se destacaba alguna canción que se identificaba con las emociones de lo que representaba el verano para la sociedad, y nos servía a nivel psicosomático para superar las estrecheces dialécticas del momento histórico y las temperaturas climáticas, tan desbordantes como las actuales, aunque lo asumíamos con la placidez de los sentidos y los abanicos que llevaban implícitos los suspiros y ruidosos ventiladores, poco más, salvo las corrientes de aires del sur que traspasaban las ventanas y puertas de las encaladas casas.
Se quiera o no, la canción del verano formaba parte de nuestra cultura popular, aceptada sociológicamente por toda la ciudadanía, hasta los turistas venidos de otras latitudes, repetían el estribillo canturreando o silbando hasta la extenuación a lo largo de los días con sus noches tropicales de descanso, cuyo calor daba sensación de una pequeña tregua para poder conciliar el sueño, entre el sonido de las cigarras y grillos como si fuesen una banda sonora, que finalizaba con el reloj biológico de los primeros cantos de los gallos y las intensas fragancias rociadas de jazmines, geranios y galanes de noche. Ahora, entre pesadillas, okupas y la agenda 2030 solo hay insufribles mosquitos venidos del limbo que intentan con alevosía acribillarte.
Pero la canción de verano se evaporó como tantas otras cosas que nos hacían felices en nuestros ratos de ocio productivo. Al día de la fecha, poniéndonos los pelos como escarpias, las bandas sonoras que nos suenan en el globalizado internet, manipulado por la inteligencia artificial, en pleno verano postelectoral, son las de los partidos políticos de todo el arco parlamentario de la atrofiada ley D´Hondt para arropar, especialmente, a los ilusos desencantados, que tras una mortífera pandemia y estando en guerra en Europa, tuitean que peor podríamos estar, sí no hubiese sido por ellos mismos, que en los últimos cuatro años se han mortificado por un desarraigado bien común apoyado por comunistas e independentistas.
Cada español debe tácitamente al erario público cuarenta mil euros, estamos en quiebra técnica, pero la música enlatada en el Tik Tok nos está mediáticamente refiriendo con lágrimas de cocodrilo, que más vale lo malo conocido de un frente popular estrambótico, que propugna con renglones torcidos la nada, reduciendo la libertad a mínimos democráticos; que lo bueno por conocer de un colectivo nacional familiar, que nos llevará, compulsiva mentira `por cierto, a una involución apocalíptica a toda España. Será que no se han dado cuenta o no quieren ver más allá del egocentrismo nihilista de algunos de izquierda marxista, no social democrática, de la proyección socio-económica de Andalucía con dos mandatos parlamentarios continuados, uno con mayoría simple y otro, el actual, con mayoría absoluta.
En fin, con las canciones “Libertad sin ira” y “Habla pueblo habla”, el 17 de agosto las Cámaras Alta y Baja se constituirán en la XV legislatura desde la promulgación y entrada en vigor de la Constitución Española de 1978 conforme a la voluntad del Parlamento, cuyo pluralismo político en la gobernanza nacional y gestión pública no debería de ser contradictorio al sentir democrático de las urnas, esperando a pie de calle que respeten por coherencia en la tradición parlamentaria seguido hasta ahora en la Carrera de San Jerónimo y que concuerde con el mapa institucional actual, tras las elecciones del 28 de mayo, en comunidades autónomas, provincias, municipios y entidades locales menores. Cualquier otra decisión, quebraría el espíritu de concordia del 78. Paz y Bien.
Rafael Leopoldo Aguilera Martínez
