La Confequé
Celebraba este pasado fin de semana el PSOE en la capital su Conferencia Política, que de política tuvo muy poco. Las propuestas innovadoras, que deberían ser presentadas a todo bombo en un evento como éste, no llegaron jamás. La oferta que el PSOE hace a los electores es un más de lo mismo. De lo de siempre. Y derogar todo lo hecho por el actual gobierno, constante objeto de críticas fundadas e infundadas. Para que se hagan una idea, alguno llegó incluso a referirse al “agitador Montoro”. Volver a la era ZP era casi la máxima. De hecho, el lema de la Conferencia, en el plano de las ideas, podría haber sido “No al PP”. Y ya.
Incluso hubo quien propuso –la corriente interna Izquierda Socialista- volver a introducir en el ideario de la formación el en Suresnes desaparecido marxismo. Apenas alcanzaron un 7% de los votos. Los de Tomás Gómez, que el viernes no se dejó ver y apareció enfurruñado el sábado, no obtuvieron ni ese 7% en la comisión que dirimía el modelo de partido que quieren los militantes de la formación que fundara antaño Pablo Iglesias. Comisión que era la más numerosa. Las primarias estaban en boca de casi todos. Los tres jóvenes de Juventudes Socialistas suspendidos de militancia por las barbaridades que lanzaron en Twitter intentaban acceder a la comisiones sin resultado alguno. Se tuvieron que conformar con pasear por la cafetería de la tercera planta y protestar en los pasillos. A Patxi López le tocó la comisión de Economía, la más potente de las que había. Se notan las preferencias. Susana Díaz, consciente de que cualquier declaración suya es interpretada en clave interna, midió mucho sus palabras. Y sus apariciones. Carmen Chacón, la niña de Felipe que ahora da clases en Miami, estuvo. Por lo visto. Como Alfredo Pérez Rubalcaba, que tuvo que ver cómo su Conferencia se convirtió en una especulación constante acerca de quién le sucederá.
A las cinco de la tarde del sábado, hora taurina por excelencia, llegaba Felipe González, tibiamente aplaudido por los suyos. El aforo, tres cuartos. El discurso, el cambio del cambio de recambio. Y mucha socialdemocracia antigua. José Luis Rodríguez Zapatero, quien reivindicó como ejemplares sus gobiernos del desastre, cosechaba más aplausos, lo que da buena idea del estado comatoso de la formación.
Porque esa es la palabra que define a la Convención: el coma. Y es que una, que se ha paseado por innumerables eventos similares, no pudo dejar de observar la ausencia no sólo de entusiasmo, sino incluso de gente. El PSOE es un partido sin ideas y alejado de la sociedad. Y eso se notó, y mucho, este fin de semana en Madrid.
-Almudena Negro-
