La doble vara
La permanente doble vara de medir y de zurrar ha vuelto a salir a pasear estos días tras unas declaraciones reales (y no simplemente atribuidas) de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, calificando de “nazis” a los acosos domiciliarios denominados “escraches”. Y, tal como anticipaba la propia María Dolores, la están poniendo fina filipina. España es un país que ha sabido superar con soltura el dictamen de McLuhan sobre los medios y el mensaje, consolidando la norma no escrita de que lo verdaderamente importante no es el mensaje, sino el medio. Y como el emisor del mensaje es un cargo del PP, no son necesarias las barreras, ni los filtros, ni las comparaciones, ni las hemerotecas: estacazo, tentetieso y basta, por facha. Pero aquí los progres pueden llamar “tontos de los cojones” a los votantes del PP, o “grasientos y palilleros” a periodistas no afines y la cosa queda graciosísima, o se puede llamar a una delegada de la Junta como “la de las tetas gordas”, sin que píen las feministas. Y así, después de las declaraciones de Cospedal, muchas voces indignadas cargaron contra ella estableciendo paralelismos entre las familias desahuciadas y los judios exterminados en los campos de concentración, como si alguien en su sano juicio pudiera pensar que atosigar el portal de un diputado popular pudiera equivaler a las cámaras de gas y el Holocausto. Naturalmente que no. Pero lo que nadie puede negar es que Auschwitz es el espeluznante capítulo final de una trayectoria criminal que comenzó en las puertas de los establecimientos y de las viviendas de los considerados “Untermensch” (palabra que afortunadamente no tiene traducción directa al español, pero que vendría a ser “subhombre” en alemán) cuando antes de la guerra los nazis señalaban los domicilios judios. Y es esa estética chulesca, agresiva y pisoteadora de los derechos civiles la que se compara con los escraches, no los campos de exterminio. En Argentina, los escraches se empleaban para avergonzar a los militares implicados en casos de secuestro, tortura y muerte de ciudadanos. Tampoco es comparable ser un criminal de uniforme con ser alcalde de tu pueblo y que te quemen la puerta de tu casa.

-José Fernández-
