La España que surge cuando toca
Lo que hace espantosa cualquier tragedia es su capacidad de difuminar o disolver de su entorno cualquier rastro positivo. Siempre es difícil, ante el golpe seco de la desgracia, elevar la mirada por encima de lo evidente y encontrar un punto de fuga que nos consuele y llene de aliento. Por eso creo que es importante destacar la extraordinaria (no por inesperada) respuesta que el accidente ferroviario ocurrido en Galicia ha provocado entre la gente. Hay una España viva y generosa más allá del permanente ejercicio de doliente conmiseración que generan la crisis y los casos de corrupción. Hay una “Marca España” al margen de los discursos y las banderías que aparece cuando y donde se necesita, sin detenerse a preguntar por afiliaciones, gustos o preferencias en cuanto a la configuración del Estado. Es la España de los sanitarios que renuncian a sus vacaciones, de los bomberos que triplican turnos, de los policías que no dudan en jugársela para rescatar heridos, de los vecinos que llevan mantas y comida a la zona del accidente o la de quienes forman inmensas colas para donar sangre. Y todo ello sin mediar llamamientos u órdenes. Sale porque sale. Así de sencillo y así de contradictorio y difícil de entender en un país en el que la cerrilidad es confundida con la rectitud y en el que las organizaciones políticas, los colectivos sociales e incluso las familias se entregan con gusto a la mezquindad y al ensañamiento. Por eso creo que es justo destacar que cuando la tragedia nos descubre la fragilidad de las cosas que de verdad importan y la irrelevancia de las cosas que a menudo nos ocupan, surge una España bastante mejor que en la que nos dicen que vivimos.

-José Fernández-
