La independencia no es el fin; es el medio
A medida que pasa el tiempo cada vez tengo más claro que el problema del nacionalismo no está tanto en Barcelona como en Madrid, pues son los gobiernos centrales los que llevan toda la vida contemporizando y –lo que es peor- sufragando todos estos folclores secesionistas que vemos crecer y multiplicarse a pesar de lo ridículos que nos puedan parecer a los que pensamos que España no es un concepto discutido y discutible. Pero tampoco debemos perder de vista que el festival de coros y danzas de la reciente Diada en Cataluña no es más que una nueva muestra de ese nacionalismo entendido no como fin, sino como medio. Medio para montar estructuras de poder, controlar fondos públicos y fabular mitologías. Medio, en definitiva, para seguir trincando tras el cómodo parapeto del vértigo que produce la posibilidad de la ruptura. Oscar Wilde, escribió que “cuando los dioses quieren castigarnos, atienden a nuestras plegarias”, y siempre lo recuerdo cada vez que veo al botarate del señor Mas o al presidente de turno del Barcelona CF diciendo gansadas al respecto. Y es que imaginar una Cataluña independiente debería provocar más retortijones allí que en el resto de España. Fuera de España y, por tanto, de Europa, se acababa el enemigo a las puertas, se terminaba el discurso de la España que nos roba y, sobre todo, se acababa el chorreo de dinero público español inyectado a las arcas catalanas. Fuera del yugo carpetovetónico de una España gris y casposa, los catalanes afrontarían en feliz libertad su moderno déficit, sus impuestos nacionales, sus porcentajes de catalanísima corrupción y el hambre de sus colegios monolingües. Y el Barcelona CF, naturalmente, jugaría en una competitiva Liga Catalana. ¿Seguro que la cadena era para pedir este escenario, o simplemente, para mantener vivo el chantaje?

-José Ferández-
