La Inestabilidad Transalpina
A día de hoy, nadie podrá negar la complejidad, excepcionalidad y excentricidad que despierta el modelo político-institucional italiano, convertido para muchos y, no me extraña, en un enigma, en una representación desmesurada de una interminable opera bufa.
El fragmentado resultado de los comicios celebrados hace dos semanas, han generado un aire de intranquilidad y de ingobernabilidad en la península transalpina sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Acontecimiento de alto riego decía el Financial Times en sus páginas. Pero mucho más explicito fue la Agencia Reuters en su pronóstico,”Roma Arderá, ocurra lo que ocurra”, cuestión que no se hizo esperar en la zona euro ni en los mercados financieros. Algunos analistas tras los resultados, pedían ya el rescate.
Una situación política muy complicada que aboca a Italia a un bloqueo inesperado, fruto de un bicameralismo más que perfecto que, constituye la principal causa de la parálisis y lentitud legislativa y donde la clase política que surja en el futuro deberá abrir de urgencia dicho expediente, ya que como sabrán, para formar gobiernos es indispensable la mayoría de ambas cámaras, algo que como podrán comprobar, no ha sucedido al no obtenerla la cámara alta y, todo unido a una compleja y caprichosa ley electoral, principal “mal” del sistema, conocida oficialmente como la Ley 270, y que el impulsor de la misma, Calderoni, ministro en ese momento (2005), la califico de “Porcellum”(cerdada-cochinada).Con un nombrecito así, ya se pueden hacer una idea. Técnicamente, un sistema proporcional con premios de mayorías en ambas cámaras, una fórmula caprichosa inventada por I´l Cavaliere en 2005 para evitar la previsible victoria de I´l Professore (Prodi) en 2006.
Pero la cuadratura del círculo se produce al aparecer en escena nuevos actores a la política italiana, poniendo en jaque nuevamente al sistema.
Por un lado, un cómico, Grillo y su M5S, reconvertido a dirigente antisistema, anti-austeridad y anti-euro, el nuevo azote de Bruselas y Alemania que ha sabido canalizar el descontento general de un sector de los italianos con la clase política y el verdadero triunfador de estos comicios, un verdadero showman.Situación esperpéntica la vivida el pasado lunes donde el cómico protagonizó la primera reunión con los diputados y senadores electos de su formación, venidos de todas partes de la geografía italiana, que nunca antes se habían visto. Las escenas de caos se sucedían: “¿Que si va a venir Grillo?”, respondía sorprendido uno de ellos: “No lo sé, no es mi amigo. Yo no hablo con él”. Solo espero por el bien del país, prime más un reformismo constructivo que una antipolítica ingenua. Y por otro lado, la vuelta de Berlusconi, cadáver político para muchos y cuya aparición ha sido vista por la UE como una venganza karmica, ya que ésta fue la que forzó su salida apenas año y medio por los constantes incumplimientos en acuerdos y ajustes presupuestarios más que imprescindibles para el país. Ahora Italia le dice al candidato de la UE, no, no a Monti. Ganó la Italia euroescéptica.
Pero en este laboratorio de pruebas de toda Europa que se ha convertido nuevamente Italia, ¿es normal tanta inestabilidad? Miren ustedes, la inestabilidad política ha existido en este país desde décadas, me atrevería a decir incluso que la situación de crisis e inestabilidad es una más de tantas, no se trata de ninguna novedad, el italiano medio esta acostumbrado a los numerosísimos cambios de gobierno, cuarenta Primeros ministros con una media de dos años y una sola legislatura agotada, tres leyes electorales y cuatro consultas, la quinta se presume que en breve por la urgencia institucional, al poder excesivo de las burocracias partidistas sobre la voluntad ciudadana, la famosa Partitocracia, a la ausencia de una reforma institucional más orgánica y electoral que ha provocado la constante ingobernabilidad de las instituciones, el papel marginal que ha ejercido el Parlamento en la formación de gobiernos, siempre extra-parlamentarios,el ambiente de conflicto permanente, el Justicialismo ,el clientelismo, la desigualdad territorial respecto al Mezzogiorno (Sur de Italia) y el penoso episodio del Tangentopoli (Mani Pulite) entre otras vivencias más, han marcado la historia política italiana desde la posguerra y constituye una prueba fehaciente de la inestabilidad permanente e incrustada que ha vivido el modelo político italiano.
Tras este desbarajuste legislativo e institucional que invade la península transalpina, la impresión general apunta a que, urge una reflexión interna de los partidos de gran alcance, del abandono de la “política da salotto”, de su imagen y eficacia política y de su responsabilidad nacional, el llamado “discurso sobre Italia” y una renovación urgente de los órganos del estado. En definitiva, la misión de la clase política es de gran dificultad y aún más si no se vuelven a reactivar los canales de comunicación entre la sociedad civil y la política, la deseada estabilidad será tarea imposible, esperemos acontecimientos. El primer escollo, será la elección del próximo Presidente de la República el 15 de abril dónde será muy difícil encontrar los dos tercios que se necesitan para su elección. Grillo ya ha propuesto como Jefe del Estado al controvertido premio Nobel de Literatura Darío Fo.
En fin, “La speranza é l´ ultima a morire”, pero de momento, “¡cantemos! ¡cantemos el Va Pensiero de Verdi!(símbolo de unidad nacional), “Oh Patria mia si bella e perduta”, “¡Viva Italia! ¡Viva Verdi! ¡Larga vida a Italia!”.
Luís Miguel Carmona
Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología
