La Infantería Española y su Patrona la Inmaculada Concepción
Misa Pontifical en la Catedral y Parada Militar en Viator para honrar a la Madre del Hijo de Dios
En 1585, tres años después de incorporar a la Corona los territorios portugueses gracias a la herencia de Felipe II; en el marco de la guerra de los Ochenta años, España se enfrentaba a las provincias rebeldes de Flandes.
La guerra de los Ochenta años, además de ser una contienda por la soberanía del territorio, también tenía un componente religioso, ya que ciertos sectores de las provincias rebeldes habían adoptado el calvinismo.
Los calvinistas provocaron la «Furia iconoclasta», que consistió en la destrucción de imágenes católicas en toda la región. Lo mismo que sucedió tristemente y por otra casuística maliciosa durante la infernal II República española.
Tras recuperar Amberes, el Tercio Viejo de Zamora, compuesto por 5.000 soldados comandados por Francisco Arias de Bobadilla, fue enviado el 2 de diciembre a tomar Bornmel. La plaza que debía tomar el Tercio Viejo de Zamora se encontraba entre los ríos Mosa en el sur, Waal en el norte y Afgedamde Maas en el oeste.
Una vez tomada la zona, su posición fue sitiada por el conde de Holak bloqueando las vías fluviales con su escuadra. Esto provocó la escasez de víveres, que se sumaba al frío invernal y la humedad propia de la zona. Ante esta complicada situación, los rebeldes ofrecieron a los españoles una rendición honrosa, sin embargo, el Tercio respondió: «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos».
Ante la osada respuesta española, los rebeldes holandeses elevaron los diques para así inundar el emplazamiento. La única tierra firme que quedó fue el pequeño monte de Empel, donde se resguardó el Tercio.
El comandante Bobadilla tras la batalla, describiría así la pésima situación en la que se habían encontrado: «El hambre y el frío nos había postrado, y en esta solitaria isla parecía no haber lugar más que para la desesperación», pero ante esta situación apuntaba que:
«Como buenos soldados españoles, no nos quedaba más que encomendarnos a Dios y luchar hasta la muerte».
Dispuestos los infantes a entregarse a la muerte, no sin antes combatir, comenzaron a cavar trincheras; uno de los soldados que cavaba se topó con una imagen de la Inmaculada Concepción enterrada donde cavaba su trinchera.
Francisco de Bobadilla escribió:
«Ayer vino a verme un soldado. Temblando aún de emoción me comunicó que mientras cavaba una trinchera, había encontrado una tabla con la efigie de la Inmaculada Concepción. ¡Y pensar que creímos estar solos…! Decidí pasearla en procesión, exaltando el ánimo de mis hombres.»
Por su parte, el capitán y escritor toledano Alonso Vázquez, describió así el hallazgo de la imagen: «Estaba un devoto soldado español haciendo un hoyo en el dique para guardarse debajo de la tierra del mucho aire que hacía y de la artillería que los navíos enemigos disparaban, a las primeras azadonadas que comenzó a dar para cavar la tierra saltó una imagen de la limpísima y pura Concepción de Nuestra Señora».
El milagroso encuentro ocurrió la noche del 7 de diciembre de 1585, tras encomendarse el Tercio a la Inmaculada, a los infantes solo les quedaba esperar la muerte.
Sin embargo, la intercesión de la Inmaculada tornó la suerte de los españoles, esa misma noche sopló un inusual viento frío que congeló las aguas que sitiaban a los españoles. Así, en la madrugada del 8 de diciembre el agua del río Mosa quedó congelada, lo que provocó la inmovilidad de los buques rebeldes y brindó la oportunidad perfecta a los infantes.
Entonces el Tercio protagonizó una de sus famosas encamisadas; marchando sobre el hielo, los españoles asaltaron los buques rebeldes, obteniendo una gran victoria sobre los rebeldes.
Bobadilla describió así la milagrosa victoria del Tercio:
«Esta mañana, los ríos han amanecido helados. La escuadra enemiga, atrapada entre los hielos, ha sucumbido al terrible empuje de nuestra Infantería. Sobre este gélido rincón de Flandes, los hambrientos y valerosos soldados del Tercio Viejo se han cubierto de gloria mientras vitoreaban a su Virgen».
Ante este milagroso hecho, el almirante rebelde, Felipe de Hohenlohe-Neuenstein, declaró:
«Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro».
Desde aquél día, unos trescientos años antes de que Pío IX, Pío Nono, declararse el dogma de la Inmaculada, los Tercios se encomendaron a la Inmaculada Concepción, convirtiéndose hasta hoy en la patrona de la Infantería española.
Esos Tercios heroicos están hoy implementados en nuestras Fuerzas Armadas, especialmente, en la Legión Española a través de sus Tercios y Banderas, con una continuada actualización de conocimientos y perfeccionamiento operativo, siguiendo la misma estela militar e impronta del Arma de Infantería, siguiendo los pasos historiográficos e hilo conductor del milagro de Empel, un cordón umbilical de consanguinidad y afinidad siempre al servicio de España:
Tercio «Gran Capitán», 1.º de la Legión – Melilla-
Tercio «Duque de Alba», 2.º de la Legión – Ceuta-
Tercio «Don Juan de Austria», 3. º de la Legión – Viator, Almería-
Tercio «Alejandro Farnesio», 4. º de la Legión – Ronda, Málaga-
Fue el 8 de diciembre de 1854 cuando Pío IX declaró definitivamente el dogma de la concepción inmaculada de la Virgen.
En la bula Ineffabilis Deus, Pío nono declaró, proclamó y definió:
«Que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles».
Como nos dice amanuensemente y acierto histórico, y literario, el General de División Rafael Dávila Álvarez:
“Todos, los que todo lo andamos y vivimos somos infantería. Ser infante es sentir mucho y haber vivido cada instante intensamente. Es sentir la necesidad de rezar cuando esperas a la aurora estando de centinela. Es saber lo que es caminar con las plantas de los pies calcinadas y derrumbarte si te paras. Es conocer y haber sufrido quebrantos, los del enorme esfuerzo que exige enfrentarse cara a cara y sin tregua al enemigo en las cortas distancias. Ser infante es valorar los horizontes que se atisban cuando el descanso te permite mirar por encima del punto de mira de tu fusil. Y saber que siempre hay alguien que te coge la mochila con treinta kilos de equipo cuando llevas los hombros desollados por el correaje y el sudor. Y sobre todo, ser infante es haber sentido la angustia anhelante de intuir que en unos instantes todo haya desaparecido para siempre. El que no es infante es que no ha rezado nunca y nunca ha sentido la tragedia, la desolación y la muerte muy cerca.
Por eso es la Inmaculada nuestra Patrona. Porque el infante encuentra la fe en medio de la batalla. Y esta batalla de la vida ya sabemos cómo termina. La fe no exime al que cree en su Patrona de la angustia de tener que morir, pero Ella es el alivio de la esperanza.
Ser de infantería es ser una canción que brota de almas que son suyas y de labios que han besado la Bandera; haber besado la Cruz aquella que formaban la enseña de la patria y el arma con que habían de defenderla.”
El día 8 de diciembre, festividad litúrgica de la Inmaculada Concepción, en los Patios de Armas de los acuartelamientos del Arma de Infantería del Ejército de Tierra presididos por la Bandera Nacional, se llevarán a cabo diversos actos castrenses, que comenzarán con la celebración de la Santa Misa de campaña y posteriormente la parada militar en la que se cantará el Himno de Infantería y se pondrán los pelos de punta durante el homenaje a nuestros caídos por la Patria.
También, en nuestra Santa y Apostólica Iglesia Catedral Fortaleza de Nuestra Señora de la Encarnación de Almería se llevará a cabo la Misa Estacional, anteriormente, Misa Pontifical con bendición Papal, presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo diocesano, quien ocupará la Sagrada Cátedra y predicará la Palabra de Dios, asistido en el presbiterio y coro por el cabildo de canónigos. Cuando éramos monaguillos en la parroquia de Santiago, durante el novenario y fiesta principal nos revestíamos los acólitos con sotana azul celeste y blanco sobrepelliz. Este mismo vestuario lo usábamos para el día de Santa Lucía el día 13 de diciembre.
No podemos obviar, que nuestras Hermandades y Cofradías penitenciales y de gloria están estrechamente vinculadas e implicadas en el juramento y defensa del misterio concepcionista, participando de forma activa en las fiestas litúrgicas organizadas en su honor de la Purísima Concepción de la Virgen María, cuyo fragor inmaculista se percibe en las Estaciones de Penitencia y Procesiones de Alabanza al estar presente en el cortejo procesional determinadas insignias concepcionistas como el Simpecado o la Bandera Sine Labe, que pregonan a esta desacralizada y secularizada España, la apasionada declaración de que María Santísima fue concebida sin mácula de pecado original y el inveterado espíritu mariano de nuestra amada Iglesia Católica.
Nunca podré olvidar, cuando con 17 años ante la imagen de la Inmaculada Concepción presente en la Misa de Campaña, juré con unción la Bandera de España correspondiente al Reemplazo 80/7º, entrando a formar parte bajo el mando del Sargento Bolívar en la Sección de Contracarros de la Plana Mayor del Primer Batallón de Infantería Nápoles mandado por el Teniente Coronel Galup e incardinado en la Brigada de Infantería de Reserva del Ejército en el Campamento “Álvarez de Sotomayor”.
Quiero agradecer en el epílogo de estas líneas al que fue mi impulsor, Teniente Diego Salmerón del Batallón de Infantería Aragón; a su cuñado, coadjutor de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, Rvdo. Rafael Salas Hita, y al capitán castrense Rvdo. Arturo Alburquerque Pérez, y a todos los mandos y compañeros, porque fue un excelente aprendizaje de dos años, que posteriormente, entre otros ámbitos profesionales, me valió para acceder a Reservista Voluntario en el 2005.
En este periodo de Adviento, feliz día de la Inmaculada Concepción. Paz y Gloria.
Rafael Leopoldo Aguilera Martínez
