La vapuleada “Marca España”
Cuando Mitt Romney, el endeble rival de Obama en la pugna por la presidencia de EEUU, afirmaba hace poco que no quería seguir el camino de España, país que, según él, dedica el 42% del PIB al gasto público, no sólo trataba de indicar que el voto a su contrincante equivaldría a ello, sino que, de paso, nos daba otra puñaladita en la espalda.
Su afirmación era inexacta y además ocultaba que durante la etapa de George Bush II ese gasto llegó al 44%. Ocurrió durante el debate que tuvo lugar el miércoles pasado en la Universidad de Denver; un encuentro entre el Presidente y un candidato republicano que es –hasta muchos miembros destacados del partido lo reconocen “sotto voce”- un verdadero fiasco que abrirá de par en par a Obama las puertas de la reelección.
Pero a nosotros lo que más nos atañe de esta anécdota no es que el “amigo americano” cargue las tintas y nos utilice como ejemplo que no se debe seguir, sino el hecho de que últimamente parece existir en EEUU un afán por desprestigiar a España. Y no ha sido sólo Romney desde su poca relevancia política quien ha puesto de manifiesto esta actitud, sino el propio Obama hace unos meses.
Habría que preguntarse si todo ello obedece a un empeño en ocultar sus propias miserias (por ejemplo, el hecho de que el desempleo vaya a superar en Norteamérica el 8%, dato muy preocupante para la Casablanca y que evidencia la desastrosa política económica de Obama) o si responde a una estrategia mucho más sibilina, cuyo objetivo sería desestabilizar el euro, arremetiendo contra la cuarta potencia económica europea –España- en el momento de su mayor debilidad. El famoso reportaje fotográfico del New York Times, en el que se muestra la imagen en blanco y negro de un país desolado y tercermundista, junto a los repetidos editoriales del Washington Post y otros importantes diarios, abundando en la idea de que la nuestra es una nación ingobernable y en bancarrota, parecen confirmar la segunda hipótesis aun sin desbancar del todo a la primera.
La imagen de España en el exterior es preocupante y, desde luego, actitudes demagógicas y puramente propagandísticas como la del alcalde de Marinaleda y sus asaltos a supermercados a lo Curro Jiménez, la masiva y manipulada manifestación independentista en la última Diada o las violentas cargas policiales que se produjeron en Madrid en los aledaños al Congreso la pasada semana, no contribuyen a realzarla. La prensa extranjera utiliza lo “vendible” de estos hechos –las fotos, los videos, las entrevistas a pie de calle- en su propio beneficio, que no es otro que el de ganar lectores o incrementar audiencias, sin ocuparse demasiado de lo que de verdad pasa.
La “marca España” –otro alarde imaginativo de nuestros estupendos gobernantes- es más bien la “maraca española”: sangría, paella, playa y “fiesta nacional”. Un equivalente al “bueno, bonito y barato” con el que los charlatanes de feria trataban de endilgar sus baratijas. No vendemos tecnología, ni ideas, ni nada novedoso o con solera de la buena. Nos hemos especializado en el pseudo folclore y en crear campos de golf en terrenos de secano.
-Luis de Palacio-
