Lecciones de ética desde el juzgado
Mientras que la Audiencia Nacional ha admitido una denuncia contra UGT por supuestos delitos de falsedad en documento mercantil, estafa, malversación de caudales públicos, delito contra la Hacienda Pública y apropiación indebida, nuestros sindicalistas siguen tan panchos. De hecho, mantienen impasible el ademán, dando lecciones de economía y ética al cobijo de la pancarta cotidiana. Por ejemplo, para esta mañana (por ayer domingo) UGT y CC OO han vuelto a convocaruna manifestación por el centro de Almería para protestar por los recortes en las pensiones, por la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, por el estado de la sanidad y la educación o alguna de esas cosas razonables por las que cuando gobernaba el PSOE pasaban sin mover el gesto. Pero no podemos olvidar que las siglas y las banderas sindicales que van a ondear sobre este nuevo batiburrillo reivindicativo están manchadas por la sospecha del saqueo y la mamandurria. Y no lo digo yo, que soy de lo peor: lo dicen ya algunos jueces que no dudan en señalar que las diligencias previas que se están incoando para esclarecer la actuación sindical hacen presumir la existencia de infracciones penales. Y claro, cuando se habla de la disminución de las pensiones o de otro tipo de recortes, uno se pregunta cuántas pensiones podrían garantizarse con los millones de euros regalados a los sindicatos para ser administrados sin más control que el de sus esfínteres. ¿Pueden unos sindicatos salpicados por la evidencia del mangoneo salir a la calle a reclamar justicia? Naturalmente que pueden. En su derecho están a continuar desarrollando su papelón sin ejercer la autocrítica o sin depurar responsabilidades. En el mismo derecho de la gente que, al paso alegre de la comitiva manifestante, dé la espalda a quienes, manteniendo a una cuadrilla de caraduras al frente de sus organizaciones, han convertido al sindicalismo español en un lucrativo y vergonzante negocio.
-José Fernández-

