Leyes para según quién y cómo
Cada día podemos constatar por las noticias que las leyes no son iguales para todos: las grandes empresas, los bancos y los políticos, hagan lo que hagan nunca comenten delitos.
Este país en descomposición final es un antro de intereses espurios de tal categoría que a uno no le extraña en lo más mínimo que haya regiones o comunidades que quieran escaparse de ella deprisa y corriendo, quién sabe si para trincar mejor su parte y no repartir con los poderes centrales los 3% o los 5% de los que se acusaron los partidos en algunos parlamentos, como cuando aquel nefando incidente del Carmel.
La lista de agravios es infinita, comenzando por esos casi dos mil políticos imputados (del PPSOE) en delitos de corrupción que, por lo que se ve, no tienen la menor relevancia o, de otro modo, no estarían ahí ocupando puestos de alto rango y hasta de altísimo rango. Podemos seguir, claro está, con todos esos bancos, a los que para colmo se ayuda con dineros públicos que pagan los ciudadanos, que han timado o estafado a cientos de miles de españoles con las llamadas preferentes…, ¡y aquí no pasa nada! ¡Ay, si algo parecido lo hubiera hecho un cualquiera, y no con cientos de miles de ciudadanos sino sólo con unos cuántos, íbamos a ver los titulares en los telediarios!.
El país está manga por hombro y empeorando por días, y los ciudadanos se manifiestan cada vez más cabreados con la política y los políticos. Nuestras infames clases dirigentes andan por esos mundos de Dios dando lametones a cuanto culo poderoso se les pone por delante, a menudo tratando de liquidar España de saldo, y luego aquí la sevicia para con los ciudadanos es tan descabellada que estamos cayendo ya en el Estado Policial. Y no es para menos, habida cuenta de cómo están las cosas, porque cualquier día estalla esta santabárbara y se lía la de Dios es Cristo.
No se trata sólo de que el choriceo bancario sea de escándalo y de que el gobierno no cese de regalarles los dineros de todos, endeudándonos hasta la vida eterna, sino que encima van y reparten dividendos, se regalan primas de atraco y nos vacilan con jubilaciones de maharajás; sino que se trata del conjunto de la situación, desde la exención de la Princesa a ser imputada en un caso tal que cualquier otra ciudadana en semejante tesitura lo estaría a que ni uno solo de los incompetentes del PP que produjeron los enormes daños mundiales (no sólo gallegos) con el hundimiento del Prestige ni siquiera esté imputado, pasando, por supuesto, por los peculiares modos de combatir la crisis, generando cinco millones de desesperados sin trabajo y casi poniendo a un cuarto de la población en la ribera del hambre, y por las maneras dictatoriales de escuchar las quejas y demandas del pueblo en base a brutalidad policial y leyes artificiosas de amordazamiento.
Como digo, la lista sería infinita. Podríamos mencionar aquí el infame derroche que, aunque nos ha costado un endeudamiento sin precedentes en la Historia, no les ha costado ni un solo puesto a todos esos políticos dementes que quisieron vivir en Nuncajamás con macroobras inútiles, cuyos cadáveres podemos ver por doquier y sumando entre tal despilfarro cientos de miles de millones de euros. Pero eso no es nada.
Cientos de miles de millones de euros tirados a la basura que están tan ricamente derrochados, seguramente porque había un 3% o un 5% por alguna parte que se perdían para que “alguien” los encontrara; pero ni un solo detenido, ni un solo juzgado, y, de los imputados que hay, ya vamos a ver como aquí no pasa nada. Duele. Duele esta España de la que algunos quieren huir como si estuviera apestada, y, a veces, mal que me pese lo comprendo. Hay que ser muy masoquista para quererla, especialmente cuando vemos cómo se van a torcer las leyes para beneficiar a esos dudosos inversores que, acaso como en el asunto de la Warner, vienen a instalarlos entre la prostitución, la ludopatía y las drogas. No sólo no es delito, sino que se ajustan las leyes a sus intereses, porque, total, los españoles tragan con todo. Como con la cosa ésta de las multinacionales de los combustibles, que ahora sabemos por los informativos que han estado conspirando para alterar el precio de las cosas, yendo a contraley pero embolsándose un 20% de utilidades extras a costa de los ciudadanos. Y así con todo. Eso, ya se ve, no es delito… si quienes lo perpetran son una o varias multinacionales. ¿Entienden por qué me pareció tan ricamente que les dieran una patada en el salvohonor los argentinos a los de Repsol?… Dos, por lo menos, los daba yo si pudiera.
Y, en fin, en este panorama truculento y pérfido se dibuja el perfil de España. ¿Cómo no huir de ella?… En las vacas gordas, contratos basura para los españoles; y en las flacas, desempleo y endeudamiento… y policías, mucha, pero mucha policía. Y, ¡chitón!, que como los hay que no estamos contentos con esto, no sólo usan sus medios de difusión para denostarnos a todos los indignados, sino que ajustan leyes, maquinan decretos y se blindan ante una contestación social previsible, convirtiendo en delito lo que fueran libertades. Incluso ya le quieren meter el diente a los comentaristas que no pertenecen al Pensamiento Único del Movimiento, siquiera sea desde sus propias webs o sus blog, quién sabe si convirtiéndonos en insurgentes, traidores o algo así.
Leyes, leyes, leyes… que no son para todos, ni mucho menos: para los ciudadanos, las del rebaño; y para los ricos, multinacionales, bancos y políticos, las de los matarifes. Y así vamos…, así nos va.
-Ángel Ruiz Cediel-
